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Venezolanos por el mundo: Historia de amor y desarraigo

Kelly Stephanie Rojas y Jesús Abello tienen 24 años, son venezolanos que llegaron hace un año a nuestra ciudad, huyendo de la precariedad económica que atraviesa su país. Hoy tienen un bebé, Aarón, y están muy agradecidos por la hospitalidad recibida.

-¿Por qué decidieron venir a la Argentina?
“La verdad es que nunca quisimos irnos de Venezuela; pero dada la situación del país, fue la única opción que nos quedaba. Yo estudiaba, estaba en la facultad de Medicina y trabajaba en una clínica.
“Mi día comenzaba a las tres de la mañana y terminaba a las 22, vivía en una ciudad cercana a Caracas; pero en la capital realizaba mis actividades educativas y laborales.
“Si bien estaba a unos veinte minutos, el servicio de transporte es muy malo y tardaba hasta dos horas en una fila esperando que llegara algún bus, porque al ser capital, hay sobrepoblación”.
Kelly siempre quiso ser médica; pero tras rendir el examen de admisión en dos oportunidades, optó por farmacia: “Cuando estaba en tercer año me salió el cupo para ingresar a medicina. Mi intención era cursar un año, `congelar´ la carrera, recibirme de farmacéutica, algo que también me gustaba mucho, de hecho, trabajaba en una farmacia hospitalaria, y luego concluir medicina”.

-¿Cómo conseguiste el trabajo?
“Fue una bendición, porque apenas estaba estudiando. El cargo era técnico hospitalario; para mí no era trabajar, era disfrutar de lo que hacía, porque amo el área de salud; anteriormente había hecho un curso de enfermería, por lo que soy auxiliar de enfermería. Por eso es que he decidido volver a estudiar, así tenga que esperar hasta los 40 años, quiero ser médica cardióloga. Es mi sueño”.

-¿Hasta ese momento tenías la vida perfecta?
“Sí, me enfocaba en lo que había logrado y por lo que me había esforzado; pero el clima a mi alrededor era totalmente distinto. Jesús vivía en una provincia más al centro del país, y se mudó a Caracas porque ya teníamos un noviazgo.
“Él es analista contable, y trabajaba en una agencia de turismo; su sueldo solo alcanzaba para los pasajes. Yo vivía con mi mamá y mi abuelita; ambas toman pastillas para la tensión y era muy difícil conseguirlas, aun teniendo amigos que trabajaban en redes de farmacias. Cuando las encontraba, se me iba todo el sueldo en los medicamentos.
“Así fue que Jesús decidió dejar el trabajo para vender pan; comenzó vendiendo en un bulevar muy transitado de Caracas, eso le daba mucho más que el salario que percibía en la empresa donde estaba. Pero un día me llamó a la clínica y me dijo: ‘nos vamos del país’.
“Nunca habíamos hablado sobre la posibilidad de emigrar; pero ese día un estudiante que llevaba varios días sin comer le pidió un pan; luego vio a una mujer con niños hurgando en la basura, y eso hizo que tomara la decisión porque vio claramente que allá no íbamos a tener un buen futuro.
“Todo fue muy rápido, lo decidimos en septiembre y el 15 de octubre ya teníamos los pasajes para Argentina, que muy gentilmente nos sacó mi prima que vive en Buenos Aires. Si bien este país siempre nos gustó, dentro de nuestras posibilidades era la última opción, nos hubiera resultado más sencillo ir a Perú, Chile o Ecuador donde tenemos gente conocida. Pero cuando contactamos con mi prima y nos ofreció esa solución, no lo dudamos.
“El 15 de octubre comenzó el desafío. Ya teníamos los pasajes, pero necesitábamos terminar de ordenar algunas cosas y casarnos; mi mamá siempre soñó con ver a su hija vestida de blanco, y a mí también me daba mucha ilusión.
“Jesús comenzó a trabajar en la frontera entre Colombia y Venezuela; de esa manera logró juntar lo necesario para la boda. El 10 de noviembre nos casamos por civil, y el 17 por iglesia.
“Fue una ceremonia muy linda y tuve mi vestido… todo lo pudo hacer Jesús. Creo mucho en él; es trabajador, noble, por eso aposté a este cambio; lo veo, y sé que va a estar todo bien”.

A las dos semanas de casados, un 8 de diciembre llegaron a Argentina, dejando atrás la familia completa de Jesús, y a la mamá y a la abuela de Kelly: “Tenían sentimientos encontrados, la tristeza de verme partir; pero a la vez la felicidad de saber que íbamos a estar mejor, para poder ayudarlas económicamente”.
Eligieron Carlos Paz porque tienen amigos aquí y está cerca de Córdoba, de la Universidad Nacional para que Kelly siga estudiando.

-¿Cómo fue el arribo a la ciudad?
“A la media hora de haber llegado, Jesús ya estaba trabajando; y a los dos meses nos enteramos que estaba embarazada. El señor que lo empleó tiene una posada y vivimos allí un tiempo. Ahora Jesús también trabaja en una fábrica de artesanías y hace cosas de herrería. Por ahora, es el único que trabaja y lo que juntamos nos alcanza para vivir; y cuando podemos enviamos dinero a nuestras familias”.
Aarón Jesús nació el 24 de octubre, un día después del cumpleaños de su abuela que solo lo conoce a través de fotos y videos que Kelly comparte por las redes sociales.

-¿En qué te ha cambiado la vida tu hijo?
“La motivación que nos ha dado es totalmente distinta. Hay días en los que me siento muy triste, porque pienso en mi familia, en la universidad, en mis amigos, en que paso mucho tiempo sola con el bebé porque mi esposo trabaja todo el día; pero apenas lo miro todo cambia.
“He aprendido a ponerme a mí misma en segundo lugar, creo que esa es una de las claves del amor. Siento felicidad y paz cuando lo tengo en mis brazos”.

-¿Cómo han sido estos primeros días de crianza?
“Extrañamente, me encanta estar en el hospital, tal vez sea por mi afinidad con la medicina. Me gusta atendernos allí, asistir a los cursos de preparto… las chicas que los coordinan son excelentes. Me han apoyado mucho dándome consejos, y me han animado.
“Una de mis mayores preocupaciones era cómo iba hacer en la casa, y no sé cómo, pero me las he arreglado muy bien. Estamos viviendo un momento de felicidad absoluta porque está sanito, y tanto el embarazo como el parto han sido excelentes”.

-¿Qué te ha brindado Argentina?
“Primero, me ha regalado lo más hermoso que es mi hijo. A pesar de estar lejos de la familia, me he sentido apoyada y hemos conocido lindas personas que de una u otra manera nos han tendido la mano.
“Sé que Argentina nos brindará un futuro brillante para Aarón. Aquí tendrá oportunidades, las mismas que Jesús y yo siempre quisimos aprovechar. En Venezuela nos robaron la juventud.
Nuestro hijo es argentino, por lo tanto, pasó a ser nuestro país también. Espero volver a Venezuela; pero para que Aarón conozca la tierra de sus padres; tengo la esperanza de que va a mejorar, pero nuestro lugar ya está aquí. No veo la hora de que puedan venir a vivir con nosotros mi mamá y mi abuelita, retomar los estudios, ser médica y devolverle a esta nación, todo lo que me ha dado”.

Silvia Garrigós

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