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Una historia de superación y amor

Franco Queral tiene 24 años, y a los 11 meses perdió la audición al contraer meningitis. Su vida no fue fácil; pero con la ayuda y el amor de amigos, conocidos, sus hermanas y su mamá Olga Luque, alcanzó sus metas.

“Después de estar en terapia intensiva, muy grave, el diagnóstico que nos dieron no fue alentador, ya que Franco podía quedar con varias secuelas, entre ellas ceguera, sordera e imposibilidad para caminar; de hecho, salió de la clínica sin poder pararse, cuando antes de que tuviera meningitis caminaba sin ningún problema”, recuerda Olga aquellos días llenos de angustia.
“Fue así que comenzamos a rehabilitar su parte motora, pudo volver a caminar; pero había perdido el sentido de la audición. Enseguida le hicimos un estudio denominado potencial evocado que salió mal; luego una audiometría para confirmar el cuadro y se le colocaron los audífonos mientras esperábamos un implante coclear”.
En febrero del 2000 lograron implantarlo. Franco tenía 5 años y así lo evoca: “Cuando volví a escuchar me asusté por los ruidos, ya que estaba mal calibrado; pero después me fui acostumbrando. En mi familia estábamos muy contentos; pero todo fue paso a paso, también en la práctica de la voz”.

MOMENTOS DUROS Y GRANDES SATISFACCIONES. El joven, a lo largo de su vida, atravesó tiempos difíciles; aunque también satisfactorios, según relata su mamá: “Gracias a su constancia y dedicación pudo salir adelante. Primero iba al ILAC, que es el colegio de sordos en Córdoba; pero una vez que lo implantaron surgió la posibilidad de integrarlo a una escuela común, y el equipo de trabajo de ese momento lo incorporó a la escuela Sarmiento en primer grado, donde realizó hasta tercero. La experiencia no fue muy buena porque la integración no dio resultado, y empeoró cuando fui a la entrega de libretas y no me la dieron porque no sabían evaluarlo a pesar del diagnóstico.
“Por suerte conocimos a la licenciada Isabel Dutra, que en medio año logró muy buenos resultados. Cuando terminó el ciclo lectivo allí, lo cambiamos a la escuela Manuel Belgrano, un lugar donde él pudo afianzar los contenidos y concluir el nivel primario.
“De esa manera Franco mejoró su autoestima. Fue un trabajo arduo; pero con la ayuda de las profesionales que nos acompañaban pudimos levantarle el ánimo y hacer que él se diera cuenta que valía y mucho”.

EL SACRIFICIO DA SUS FRUTOS. La vida de Franco no era como la de cualquier niño; él, además, padece dislexia, por eso cuando salía de la escuela no iba a jugar sino a una profesora de sordos, fonoaudióloga y otras terapias: “Estábamos todo el día en la calle, de acá para allá; sin embargo, el sacrificio dio sus frutos porque terminó la escuela primaria siendo primer escolta”, puntualiza Olga.
Como él quería seguir en una escuela técnica, “cursó en el Ipem de Tanti y se recibió de Técnico en Electricidad y Electrónica, donde también fue escolta. Allí les ayudaba mucho a los profesores, sobre todo en la parte electrónica.
“Su vida en la secundaria estuvo llena de satisfacciones porque es un colegio muy lindo, los docentes son muy accesibles, e Isabel lo apoyaba siempre”.
Olga destaca con amor y admiración las ganas de Franco “para seguir adelante, para superarse, ser buen estudiante y persona; aprendí mucho de él. Cuando terminó el secundario intentó entrar a la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (FaMAF) y su examen fue aprobado.
“Hizo tres materias; pero no quería estar diez años estudiando lo mismo, por eso decidió cambiarse a la Universidad Tecnológica Argentina. Allí siguió la carrera de Tecnicatura Superior en Programación, y hace unas semanas recibió su título luego de obtener 10 en la tesis.
“Franco actualmente está trabajando en la organización no gubernamental CILSA, dos veces por semana; da clases de operador de PC, e inició en programación a todos los chicos hipoacúsicos que asisten al lugar”.

“DEDIQUÉ MI VIDA A FRANCO”. A Olga se le ilumina la cara cuando habla de su hijo; aunque a veces llora recordando el camino recorrido: “Le dediqué mi vida a Franco, por eso a mis hijas mayores Natalia y Florencia les agradezco por el tiempo robado.
“Cuando logré encaminarlo y que se independizara un poco, me ocupé de estudiar, capacitarme. Hoy vivimos de mi trabajo y eso me genera mucha satisfacción. Toda la práctica que tuve con él me sirvió para decidirme por ser acompañante terapéutica, y desde ese momento sigo instruyéndome.
“No hay que bajar los brazos, obvio que no es fácil; pero tampoco imposible. Quiero aprovechar este medio para agradecer a todas las personas que nos acompañaron a lo largo de este proceso, en especial a la licenciada Isabel Dutra, a la psicóloga Mabel Santuchi, al profesional Gustavo Bogliotti y a la gente del Club Argentino de Servicios por haberlo becado durante la secundaria, lo cual hizo que él se sintiera más comprometido con la escuela”, concluyó Olga.

TRABAJO SE NECESITA. Franco rememora con nostalgia su niñez; aunque admite haberse sentido abrumado: “Pensaba que al ser sordo no podría estudiar, que todo era imposible; pero la seño Isabel me explicó que siempre se puede aprender, que hay que luchar. Eso me hizo fuerte y me dio mucha energía para seguir estudiando.
“Mi familia es lo más importante, mi mamá me acompañó siempre, me enseñó a ser independiente”.
Como miles de argentinos, Franco hoy busca trabajo y percibe que conseguirlo le cuesta el doble. Sin embargo, no pierde las esperanzas: sabe que siempre hay personas dispuestas a ayudar a los demás y comprende que todos somos diferentes; pero no por eso menos importantes.
El joven anhela un empleo para satisfacer sus necesidades básicas y contribuir a la economía familiar: “Mi limitación auditiva no me impide trabajar en equipo, ni bajo supervisión; soy una persona a la que le interesa capacitarse y aprender cosas nuevas todo el tiempo; me considero responsable, dinámico y comprometido en todos los niveles”.

¿Cuál es tu mensaje para un niño hipoacúsico? “Que tiene que tener mucha fuerza y voluntad para seguir con todas las actividades; no es fácil, pero luchando día a día se puede lograr lo que se propone”.

Silvia Garrigós

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