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Mal de Alzheimer: “El tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos…”

No recordamos las citas concertadas, no encontramos dónde quedaron nuestros anteojos o dónde pusimos las llaves, tenemos las palabras en la punta de la lengua; pero ellas parecen resistirse a nuestra evocación… ¿Será que tenemos Alzheimer?

“Es parte del envejecimiento normal; aunque también, progresivamente, podría ser otra cosa…”, así lo explicó Silvia Pérez Fonticiella, profesora, licenciada en Psicología y Neuropsicología.
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa, progresiva e irreversible, que provoca cambios estructurales y funcionales en el cerebro, déficit cognitivo importante a nivel de la memoria de acontecimientos, desorientación y cambios de la personalidad.
“Suele presentarse con mayor frecuencia después de los 60 años; pero hay casos en que se manifiesta antes, generalmente asociado a jóvenes -por ejemplo- con Síndrome de Down o con antecedentes en la familia”.
Si bien hay mucho debate en cuanto a su origen y causas, “en el intento de sintetizar cómo comienza, podemos decir que entre los circuitos de neuronas se establece una placa amiloide o grupos de proteínas que resultan tóxicas, y entorpecen la conectividad, a tal punto que no pueden nutrirse de la energía que necesitan para cumplir sus funciones, por lo que las lleva a la muerte.
“A esto se suma que nuestro sistema inmunitario reacciona queriendo eliminar las toxinas; pero en su accionar no identifica adecuadamente las células sanas de las dañadas, y de ese modo provoca más muerte celular”, puntualizó la profesional.

-¿Qué implica este proceso para la persona que lo padece?
“Con certeza el comienzo de pequeños olvidos de sucesos recientes, de palabras, disminuye la fluidez del habla, se empobrece el vocabulario, se producen alteraciones en su ubicación espacial, como por ejemplo no recordar dónde vive, o dramáticos cambios en su conducta que se manifiestan con irritabilidad, pérdida del olfato y alteraciones en el ritmo de las actividades cotidianas”.

Más allá de la edad y los antecedentes familiares hay factores desencadenantes, entre los cuales podemos señalar los golpes en la cabeza, “ya que los investigadores han encontrado que, en las personas con mayor riesgo genético de Alzheimer, aumenta la posibilidad de padecerlo si sufren golpes en su cabeza; aunque estos puedan ser leves, por ello es fundamental recibir una adecuada atención médica.
“Diabetes, hipertensión, colesterol, alto consumo de tabaco, también son elementos asociados al desarrollo de esta dolencia”.

-¿Se puede prevenir?
“Debido a su carácter multicausal, resulta difícil sistematizar y generalizar una lista de factores que permitirían retrasar o eludir la enfermedad; no obstante, diversa información aportada podría brindarnos algunas pautas al respecto.
“Según estudios realizados por el Instituto Nacional sobre Envejecimiento de Estados Unidos, hay tres claves, aunque no concluyentes, que presentarían cierta eficacia para enlentecer el deterioro de la enfermedad: el entrenamiento neurocognitivo destinado a mejorar los procesos de memoria y atención; el control de la tensión arterial, y el aumento de la actividad física”.

COMUNICARSE CON QUIEN HA OLVIDADO SU HISTORIA. Tener un familiar con Alzheimer es una circunstancia de vida que resulta muy ardua en su transcurrir “porque es difícil comunicarse con alguien que ha olvidado la historia que ha co-construido con nosotros, lo que nos lleva a convertirnos en extraños para ellos. Además, observar que está perdiendo funcionalidad y capacidad de aprender en las situaciones cotidianas, nos genera sentimientos de impotencia, temor, frustración y tristeza.

“Sin embargo, paralelamente a cualquier tratamiento, es posible ejecutar algunas acciones que ayudarán tanto al enfermo como a los familiares a sobrellevar desde otra posición la enfermedad.
“Por ejemplo, se puede escuchar música y luego conversar sobre lo que cada uno sintió; cantar canciones, asociando la música a etapas y eventos en la vida de esa persona, buscar fotos que muestren reuniones familiares o de amigos.
“Acompañarlo en actividades al aire libre, lo cual es un aporte saludable a su cuerpo y al sistema nervioso; pero, especialmente, caminar por lugares que tienen para el enfermo cierto valor emocional y estético.
“Realizar labores de lápiz y papel, sopa de letras, completar oraciones incompletas, describir imágenes, cálculos matemáticos, recrearse con juegos de mesa. Acompañarlo en actividades con animales domésticos.
“Ver películas cortas, sencillas, documentales sobre lugares y formas de vida, y luego tratar de conversar sobre lo que han visto. Asimismo, leer es muy bueno; aunque sean pocas páginas debido a la escasa cantidad de atención de la que disponen”.

Por último, Silvia contó que han pasado por su consultorio “muchas personas adultas derivadas por sus médicos neurólogos para saber si estaban frente a situaciones de envejecimiento normal, o había indicadores de un proceso de mayor compromiso en sus funciones cerebrales y aspectos emocionales que hicieran sospechar de Alzheimer.
“Debido al curso silencioso de este mal, creo que es muy importante que toda persona que presente cierta sintomatología consulte a su neurólogo, quien solicitará los estudios de biomarcadores y neuropsicológicos pertinentes, para conocer su realidad particular y tomar decisiones respecto de su vida”.

LAS ESTADÍSTICAS DEL ALZHEIMER. Según la Fundación Favaloro se calcula que el 5 por ciento de hombres y mujeres de entre 65 y 74 años, pueden padecer este mal; mientras que entre los que tienen más de 85, el porcentaje alcanza el 40 por ciento. En tanto, la Organización Mundial de la Salud señala que el Alzheimer es uno de los problemas de salud pública más relevantes de nuestra época, ya que en los próximos veinte años se estiman unos 65 millones de afectados en el mundo, debido al incremento de la longevidad.

Silvia Garrigós

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