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Laura Cortez: “Verlos no me generó absolutamente nada”

La mamá de Franco Amaya se enfrentó a los dos policías a cargo del control en el que falleciera su hijo; y ahora espera, ansiosa, que termine el juicio para afrontar la ruta más temida por todo progenitor: el duelo de su pequeño.

Para mañana miércoles 16 de mayo, en la Cámara 11ª del Crimen de la ciudad de Córdoba se prevé la última audiencia del juicio por el crimen de Franco Amaya, ocurrido el 22 de febrero de 2017 durante un control policial emplazado a metros del puente Los Gigantes.

Con jurados populares y a dos semanas de su inicio, se escuchará el veredicto final para los oficiales juzgados: Rodrigo Maximiliano Velardo Bustos, quien está imputado de homicidio agravado por la calidad de autor y por el uso de arma de fuego en concurso ideal, y José Ezequiel Villagra, acusado de omisión de los deberes de funcionario público.

“Necesito terminar con esto urgentemente”, dijo la madre del joven de 18 años que perdió la vida camino a un baile de Ulises Bueno.

Aseguró que está atravesando “un momento bastante difícil; es revolver todo, y no porque el recuerdo se me haya ido; pero siento que volví a aquella noche”. Además, “no es fácil tener que escuchar a los testigos decir lo mismo: que a mi hijo le salía sangre de la boca, que tenía los ojitos blancos, que se ahogaba. Un montón de cosas que no son buenas para mí.

“Y me preguntan si son suficientes los testigos. Para mí sí, estoy cansada de escuchar todas esas cosas. Nadie se pone en mi lugar, la gente dice hacerlo; pero les tiene que pasar para realmente entender por lo que estoy atravesando”.

La angustia es tan fuerte que Laura Cortez agradeció el acompañamiento recibido; pero reconoció que por veces se ve superada por la situación. “Por ahí no tengo ganas de hacer nada. Necesito cerrar el juicio”, reiteró en declaraciones exclusivas a este medio.

Enfrentar a los dos uniformados “no me generó absolutamente nada. Los miro y pienso cómo le cortaron la vida a mi hijo y cómo se jodieron la vida a ellos mismos. Sobre todo Bustos”. Y respecto de Villagra, “no sé si va a seguir libre o si va tener un castigo por el hecho de que nunca pidió auxilio. Por cubrir a su compañero, no hizo nada”.

En lo personal, “quisiera que tenga un castigo. Si sigue caminando por la calle y trabajando como si nada, puede pasar otra vez. No digo que Franco hubiese sobrevivido, porque le pegaron un tiro en el corazón; pero puede haber otras situaciones y no tiene la parte humana. No puede seguir siendo policía”, sentenció.

Misma crudeza con la que admitió recriminarle internamente a su hijo la conducta de esa fatídica jornada; aunque entiende que “Franco no quiso evadir el control, quiso evadirlos a ellos que se les pusieron adelante.

“Siento que como me pasó a mí, le pudo haber pasado a cualquier otra familia” finalmente manifestó, descartando que haya constituido un caso de discriminación policial. “No me sentí discriminada, además, el juicio salió rapidísimo. Sé que hay madres que hace tres, cuatro y hasta cinco años que están esperando el juicio por sus hijos, y por tener antecedentes o venir de barrios marginales no les sale”.

EL JUICIO. Comenzó el jueves 3 de mayo en la Cámara 11ª del Crimen, y el abogado de la querella, Carlos Nayi, pidió la pena de prisión perpetua para Bustos e inhabilitación especial para Villagra, con inclusión de la multa prevista por el Código Penal.

Declaró una decena de testigos, entre ellos, el primo de la víctima, Agustín Figueroa Amaya, quien “aseguró que Velardo Bustos disparó sin motivo cuando cruzaron el control policial en motocicleta la madrugada del 22 de febrero de 2017. El joven indicó que el agente salió de repente y levantó su mano para que se detuvieran; pero apenas cruzaron frente a él, disparó su pistola 9 milímetros.

“Franco Amaya conducía el rodado y cayó al piso, malherido en la parte posterior izquierda del tórax”, especificó Nayi.

Y prosiguió: “En otro pasaje del testimonio, el joven aseguró que Velardo Bustos no permitió que cargaran a Franco Amaya en un auto para llevarlo al hospital. A quienes querían asistirlo les decía que debían esperar la ambulancia. Ese servicio de emergencia no llegó y finalmente un automóvil trasladó a la víctima. Al llegar al hospital, Amaya había fallecido”.

Leonel Facundo Manso, la persona que trasladó a Franco al hospital, contó que vio al oficial con guantes de látex y le preguntó por qué había disparado. “Estaba asustado, sabía lo que había hecho. Dijo: ‘Yo no fui, yo no le disparé’. El otro oficial estaba veinte metros más adelante cruzado de brazos sobre la misma mano.

“Toda la prueba está incorporada”, solo resta que hable Velardo Bustos el miércoles 16 y dicte sentencia el tribunal popular que tiene como jueces técnicos a Daniel Ferrer Vieyra, Susana Frascaroli y Graciela Bordoy de Pizzicari. Para Nayi “fue un homicidio a quemarropa”.

Lic. Lorena Neo Romero

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