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La “Chela” y Arias: Vida que se amasa

A pocos metros de Avenida Perón, sobre calle Magaldi, se alarga a cada instante la fila de quienes ya conocen el sabor a ejemplo de vida que se esconde tras el producido del matrimonio compuesto por Chela y Arias.

“Un súper Chela, por favor”, se escucha tras la puerta de chapa que distancia el pan con chicharrón calentito, recién sacado del horno de barro, que Arias fue agrandando hasta cooptar todo el espacio, con el cliente, cuyo conocimiento del producto que allí se cuece es fruto de la recomendación.

“Este es nuestro lugar de trabajo y hogar”, resume Chela, emocionada de sus logros, del saber con que supieron y pudieron afrontar las adversidades económicas dignamente. “Empezamos con el pan porque no teníamos trabajo; y con mi pensión no llegábamos a pagar el alquiler y lo demás. No alcanzaba. Somos muchos para comer” contando sus siete hijos y nietos, quienes a pesar de haber desplegado sus propias alas, “son muy apegados a mamá”.

“Nos vinimos de Entre Ríos porque allá no había nada para hacer”; primero a Cosquín, y finalmente desembarcaron en Villa Carlos Paz. “Comenzamos amasando en Villa Independencia con 5 kilogramos de harina, ahora usamos entre 20 y 25 por día”. Lo que traducido en unidades significa que, diariamente, “vendemos entre 160 y 180 panes. En invierno aumenta la cantidad; mientras que ahora empieza a aflojar, el turista no para”, especifica Arias.

Sin marcar tarjeta; pero con la responsabilidad como ley de vida, su despertador suena a las 6 y la jornada laboral llega a extenderse hasta la madrugada. Es que son varias horneadas, y “el secreto del pan es uno solo: ir haciendo las cosas en tiempo real. La grasa que usamos a la mañana la hacemos la noche anterior y el chicharrón que empleamos a la tarde, lo cocinamos apenas terminamos las horneadas de la mañana”.

Cremonas, pan clásico y tipo molde “para cortar en rodajas y hacer tostadas”, todos en sus versiones clásico y con chicharrón, son las variedades que ofrecen cuatro veces al día, a las 10, a las 15:30, a las 16:30, a las 17:30 y a veces, solo a veces, también a las 19. “Después del horario de clases, esto parece un rapipago” ironiza la pareja, a la que solo les ayuda una máquina, el resto es a pulmón. Y amor. “Calentito, de primera mano, así se entrega”.

LA SIXTA HERENCIA. “Según la gente, es el pan casero más rico de Carlos Paz” suelta Chela, no sin ruborizarse, y remata Arias: “De tanto que nos dicen que es el mejor, en algún momento lo vamos a tener que creer”. Cómo se explica si no, que “cuando nos mudamos de Villa Independencia, la gente nos perdió la pisada; pero vendiendo en la esquina del Hospital nos encontró nuevamente y volvió a comprarnos. Se fueron pasando el dato los unos a los otros”. Famoso boca en boca que, en ellos, es la mejor propaganda.

La receta se la transmitió como secreto mejor guardado “una señora de Paraná” a Eduardo: “Se llamaba Doña Sixta. Me dijo que la sabríamos únicamente nosotros dos, y siempre me estoy acordando de ella.

“El amasado, el leudado y la calidad de la grasa ayudan”; pero en la mano está el truco porque, sin saber de maldad ni egoísmo, más bien, con la seguridad de que “el sol sale para todos”, ofrecen su saber a todo el mundo y hasta regalan pan a quienes lo necesiten, convencidos de que “por cada uno que damos, ganamos cinco clientes”. Misma bondad que aplican con el horno: armado a la medida de sus necesidades, la obra de ingeniería doméstica ha servido de ejemplo para muchos amigos y hasta comerciantes.

Ambos consideran como “amigos” a sus compradores y por ello, también, “los cuidamos de la inflación. Nos influyó como a todos los panaderos; pero nuestra política es la de proteger a quienes nos dan de comer todo el año. Les aumentamos solamente 5 pesos, de 35 llevamos el precio del pan a 40”.

Valor que se torna insignificante cuando se conoce el trasfondo: una historia de superación cuyo mensaje es que “quien no trabaja en Carlos Paz, no es porque no consiga, sino porque no quiere”.

Lic. Lorena Neo Romero

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