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Hotel Tequenmada: Suicidio a la quietud

Después de dos temporadas exitosas en el neuropsiquiátrico abandonado de Santa María de Punilla, la compañía de danza citadina dirigida por Mariana Massera, La Pendiente, trasladará por este fin de semana su teatro físico a la Casona Municipal de Córdoba.

Estará presentando Hotel Tequenmada hoy viernes 6 de julio y mañana sábado 7, con doble función, a las 20:30 y 22:30.

De inspiración múltiple, la obra de quien también tuviera a su cargo La Cena de Los Notables, toma su nombre de un alojamiento “ubicado en el Salto de Tequenmada, que es conocido como el hotel de los suicidas, porque una vez pasado su momento de gloria, los colombianos lo utilizaron por décadas para allí quitarse la vida en función de que era muy difícil recuperar los cuerpos”.

De hecho, “todavía, algunas personas lo hacen; aunque no al promedio de un suicidio por día”, cuenta Mariana, a quien le impactó la historia de este espacio hoy en ruinas al punto de “complementarla con otras tramas” y armar un suspenso que promete disuadir al tiempo en una realidad incierta.

“Los personajes se relacionarán entre sí con el mito de Prometeo como trasfondo: el sufrimiento se repite una y otra vez”. Es decir, lo que a la luz de sol parecerá en total estado de calma, junto al crepúsculo, mutará, y las tragedias volverán a suceder como nunca antes.

Así, el público convivirá con huéspedes y pasajeros que no están en ese plano; aunque “ellos creen estarlo”, y la noche será trágica y eterna. Una fiesta de aniversario los congregará desvelando las miserias del ser humano, esas mismas que le antecedieron a cada biografía antes de la decisión final.

Canibalismo, pedofilia, ambición, avaricia, misticismo, lujuria “harán pensar y repensar el modo de ver todos y cada uno de los asistentes”.

HUMANIDAD MISMA. Mariana, por su orientación vocacional, apela a dos elementos claves para generar impacto: los espacios, “arquitectónicamente antiguos y con un mito por detrás que despierte morbo por la supuesta presencia de fantasmas”; los cuales, para ella, “los hay. Tanto en el Hospital Colonia Santa María donde montamos Pabellón Tornú como en la Casona Municipal; eso, por un lado.

“Por el otro, la obra expone lo peor del ser humano. Utilizamos el terror para llamar la atención; pero sacando un par de personajes que tipifican nuestros miedos, todos los otros son individuos comunes. Lo que genera espanto es lo que son capaces de hacer para conseguir lo que quieren”.

Y si a simple vista, lo que exhibirá La Pendiente parece una locura, “no lo es, porque el ser humano es capaz de hacer eso y mucho más”, asegura la estudiante de psicología.

“Me gusta sacar la oscuridad que todos tenemos adentro para sacudir a la gente e invitarla a que deje de ver el mundo como si fuera blanco o negro cuando hay un montón de colores en el medio”. Incluso, propone una revisión de los prejuicios: “El hecho de que cada uno de los personajes muestre por qué se comporta de determinada manera busca hacer ver que, a veces, uno juzga a los demás sin tener mucha idea de qué es lo que le pasó para llegar a ser así”.

Curiosidad aparte son las reacciones de los espectadores frente a escenas de violencia, sexualidad, desnudos totales, rituales, patologías psiquiátricas y comportamientos equiparables a los de la película La llamada. “Simbolismo absoluto de la sociedad”.

Al tal punto que, “como grupo, no tenemos una posición tomada”; pero el espectáculo contará entre sus actos, con un aborto. Encarnado como un hecho artístico, al igual que la pedofilia en Pabellón Tornú: “Tratamos de que la gente se vaya con algo más que la experiencia, que se replantee un montón de cosas”.

PERMITIRSE. En términos generales, el leitmotiv de Hotel Tequenmada no será distinto que el de sus protagonistas: suicidar la quietud en la que se ha sumido la sociedad, según entiende su alma mater.

¿Y cómo hacerlo? Mediante el sentimiento más primitivo de la raza: el miedo como detractor de la indiferencia. “Nosotros trabajamos con el miedo a lo desconocido. Es una obra al estilo de Pabellón Tornú donde el público se pondrá una máscara, entrará a un lugar que seguramente no conoce y circulará por dos pisos intervenidos, siempre guiado por los personajes, quienes le van a mostrar la dualidad del hoy centro cultural: el esplendor de su primer piso frente a la oscuridad del sótano”.

Inevitablemente, los espectadores, “empezarán a imaginarse cómo era la vida en aquella época, cómo habrán sido los dueños, los empleados, la diferencia de clase, y entremedio, se irán tejiendo un montón de situaciones dramáticas, patológicas, sensuales…”.

En ese contexto, las máscaras liberan: “Nosotros interactuamos con la gente, la agarramos, la movemos, la acostamos en una cama, la seducimos, le damos de comer”. Entonces, el regalo de una entidad anónima “les da la posibilidad de hacer sin que nadie les reconozca, y, por tanto, les juzgue.

“Las personas actúan como de otra manera no lo harían, eso hace que toda su intervención sea distinta y se relajen detrás del antifaz”.

La invitación está cursada: este fin de semana en la Casona Municipal de Córdoba a las 20:30 y 22:30, se presentará la compañía de danza carlospacense persiguiendo el anhelo de “acercarle nuestro arte a quienes no pudieron ir a Santa María de Punilla. La Casona fue el espacio que nos lo permitió: las paredes vibran. No somos solo nosotros, hay otras cosas que harán que la obra funcione”.

Lic. Lorena Neo Romero

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