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Edición 522

Facetas de la ciudad: Conviviendo con la vulnerabilidad

10 agosto, 2012 | 482, Interés General, Portada con 2 Comentarios

La fundación Alternativa Joven reveló alarmantes índices de desocupación y deserción escolar en habitantes entre 15 y 30 años de barrios socio-económicamente desfavorecidos.

 

Parece sorprendente que una ciudad pujante e influyente en lo turístico, teatral, inmobiliario como Villa Carlos Paz albergue una población cuyas necesidades básicas están insatisfechas. Y no solo esto, sino también un alto porcentaje de jóvenes cuyo futuro educativo y laboral está condicionado por el contexto socio-económico en que están inmersos, mayormente, desde nacer.

Así lo puso de manifiesto el estudio «Juventudes vulnerables, la otra cara de una misma ciudad» elaborado por la fundación Alternativa Joven, una organización sin fines de lucro creada por un grupo de jóvenes y orientada a la misma población etaria que relevó durante los pasados meses de abril y mayo la situación de 330 personas entre 15 y 30 años que viven en zonas y barrios de bajos recursos: Colinas, La Quinta Primera, Tercera y Cuarta Sección, Miguel Muñoz B y Los Algarrobos.

En total, dichos espacios contienen alrededor de 10231 personas de los cuales 2353 serían jóvenes (en base a los porcentajes arrojados por el Censo Provincial de 2008) con dificultades para culminar sus estudios, conseguir un empleo o salir de la precarización laboral. Concretamente, si se extienden las estadísticas, 1741 sin terminalidad educativa, 659 desocupados y 353 inactivos.

 

Deserción escolar

De acuerdo con los datos suministrados por la fundación, el 74 por ciento de los jóvenes encuestados abandonó sus estudios formales. Entre ellos, el 10 por ciento manifestó no haber terminado sus estudios primarios, el 55 por ciento sus estudios medios y el 9 por ciento afirmó haber finalizado la primaria pero no iniciado el nivel de enseñanza secundaria.

Las mujeres tienen mayor probabilidad que los hombres de asistir y completar los distintos niveles educativos, y la edad «crítica» de abandono es a los 15 años.

Además del nivel socioeconómico, principal razón manifiesta, otros factores explicativos de la deserción escolar son la falta de incentivo para querer terminar los estudios (41 por ciento), la participación en el mercado laboral (34 por ciento) y los embarazos adolescentes (15 por ciento). «Para este último caso, la edad promedio de deserción de las mujeres que declararon haber quedado embarazadas ha sido a los 16 años», apuntó la coordinadora del proyecto Ayelen Naranjo.

En cuanto a la formación profesional, los valores de estudiantes de nivel terciario y/o universitario son reducidos. Solamente el 2 por ciento indicó haber culminado la Universidad y el 1 por ciento tener el terciario completo.

Por otra parte, el 78 por ciento de los consultados no realizó ningún curso de capacitación aunque, en un porcentaje similar, si verían con agrado formarse en algún oficio de corta duración, gratuito y con rápida salida laboral. «Un dato interesante que pudimos observar fue que la mayoría de los jóvenes mostró interés en capacitarse en algún oficio y no así en alguna carrera de nivel superior. Tampoco mostraron interés en la posibilidad de terminar sus estudios medios quienes que no lo tenían finalizado».

Los oficios preferidos son peluquería, gastronomía y costura, para el caso femenino, y aquellos relacionados a la construcción para el género masculino. De este modo, «buscan en la capacitación una certificación oficial que corrobore que disponen de esos conocimientos que han adquirido en la práctica».

 

Desempleo

Casi un tercio de la población relevada no tiene trabajo; específicamente, de los 330 consultados 92 señalaron estar desocupados. De ellos, el 26 por ciento señaló haber trabajado en algún momento pero actualmente encontrarse sin empleo y el 2 por ciento nunca ha trabajado pero está buscando.

En paralelo, el 15 por ciento de la juventud entrevistada al azar por Alternativa Joven se encuentra en inactividad absoluta; en otras palabras: no estudian, no trabajan y no buscan empleo.

La variable género vuelve a marcar una diferencia, en este caso, a pesar que las mujeres tengan más probabilidad asociadas de acabar y/o acumular niveles de estudio, son las que se encuentran en mayor proporción desempleadas y en situación de inactividad absoluta; y «su factor explicativo se debe a que las chicas de bajos recursos se dedican con gran asiduidad a las tareas domésticas como actividad excluyente».

Luego, al ser preguntados los jóvenes sobre las dificultades que recurrentemente hallan al momento de buscar un puesto de trabajo, el 35 por ciento enunció la falta de formación académica -es decir que los mismos jóvenes reconocen que el haber abandonado sus estudios influye en su inserción laboral-, el 32 por ciento se refirió sobre la existencia de un desincentivo generalizado a querer trabajar, el 21 por ciento expuso como obstáculo la falta de experiencia y el 12 por ciento recalcó que la existencia de prejuicios y conductas discriminativas por parte de los empleadores dificulta su posibilidad de insertarse al mercado laboral.

Una vez en él, los bajos salarios y las condiciones de trabajo irregular son las principales complicaciones para su permanencia. También, la modalidad laboral temporaria, la discriminación, la falta de oferta laboral, los embarazos, la falta de seguridad social, la realización de estudios y el costo del transporte.

 

Precarización laboral

Del 55 por ciento de jóvenes que declararon tener alguna modalidad de empleo, el 28 por ciento trabaja en relación de dependencia y la mayoría denunció que lo hace en condiciones irregulares (en negro) cuando se los indagó sobre las características de su contratación.

Asimismo, entre los que afirmaron encontrarse ocupados la fundación observó una fuerte tendencia hacia la precariedad laboral, entendiendo por tal «a un contrato que no cumple con algunos de los siguientes elementos: ser en tiempo indeterminado, con beneficios sociales y en una jornada entre 35 y 45 horas semanales».

Por otra parte, el 22 por ciento aseveró ser cuentapropistas o changarines, perteneciendo al sector de la economía informal.

«Los jóvenes de bajos recursos se insertan en trabajos informales, que requieren de mano de obra con baja calificación, generando condiciones de trabajo en negro, sin ningún tipo de control público o sindical y con evasión de aportes a la seguridad social».

Las principales áreas de incursión son: la construcción y los oficios independientes (trabajo esencialmente masculino), las prácticas domésticas (para las mujeres principalmente) y aquellas labores relacionadas con el sector turístico donde la contratación es temporaria.

 

Vínculos desfavorables

Un apartado especial reserva el informe para subrayar las relaciones inducidas de las encuestas. En primer lugar, la conexión directa entre las zonas con necesidades básicas insatisfechas (NBI) y la deserción escolar. «La falta de terminalidad educativa está fuertemente vinculada a factores relativos a la pertenencia de los jóvenes a grupos socialmente más desfavorecidos».

Cabe destacar que el último censo provincial arrojó que en la ciudad 874 hogares poseen, al menos, un tipo de condición de NBI (4,7 por ciento) siendo el hacinamiento la más frecuente. En este sentido, en el 3,2 por ciento de las viviendas hay más de tres personas conviviendo en un mismo cuarto, lo que equivale a 3.475 personas; y el 0,9 por ciento habita en una residencia no adecuada, es decir 387 personas.

A su vez, el texto enfatiza la existencia de un estrecho vínculo entre aquellos jóvenes que abandonaron el sistema educativo y el desempleo, la inactividad absoluta o su inserción laboral en actividades informales puesto que quienes poseen un menor capital educativo son más propensos a establecer lazos laborales precarios, cuando lo hacen.

Finalmente, la oferta de trabajo que ofrece la ciudad, a saber, estacional, es una fuente de desmotivación y causa del desempleo o subempleo. La plaza se agota durante los meses estivales de enero y febrero pero luego se genera un vacío que deviene en el incremento de la irregularidad, informalidad y demás consecuencias.

 

«La respuesta siempre es del Municipio»

La coordinadora de la Oficina de Empleo, Gabriela Avedaño puso de relieve los trabajos llevados a cabo desde el gobierno de la ciudad para dar solución a esta problemática, como «principal organizador de la red social, cultural e institucional».

«La Oficina de Empleo es muy vieja en el tiempo pero muy nueva en los desafíos que se plantea: trabajar territorialmente con los vecinos desocupados y los jóvenes».

Para lo primero, informó la coordinadora, se inauguró la sucursal del Epadel en barrio las Rosas y se está propiciando fortalecer lazos con diversas instituciones, en otras palabras, «que la Oficina funcione como articuladora de voluntades».

«Cuando llega una persona desocupada o que quiere cambiar su perfil laboral le realizamos una entrevista para conocerla y la derivamos a un programa o hacemos la intermediación laboral, que es poner en contacto al postulante con posibles empleadores».

En este sentido agregó: «Hay que trabajar fuertemente con los empresarios de la ciudad porque son una fuente importante de empleo. También, en el desarrollo local para paliar la marcada estacionalidad».

Otra de las propuestas es implementar el programa «Jóvenes con más y mejor trabajo» destinado a la franja etaria comprendida entre 18 y 24 años. El mismo, cuyo lanzamiento oficial se estipula para este mes, «hace hincapié en la terminalidad educativa y el tema del desempleo».

Consta de dos partes: «Hay un proceso de orientación e incursión al mundo del trabajo obligatorio, de dos meses, en donde los jóvenes van a tomar un primer contacto con aquellos hábitos que han perdido al estar fuera del sistema. Mientras tanto, van a recibir un incentivo económico vía Ministerio de Trabajo de la Nación y van a estar contenidos y tutoriados permanentemente por un Área Joven». Luego del curso, «se les brinda otros servicios relacionados con encontrar el perfil laboral o educativo deseado», especificó Avedaño.

En último orden, desde la Oficina perteneciente a la Secretaría de Calidad Institucional y Participación Ciudadana dieron a conocer la existencia de un convenio con el sindicato de empleadas domésticas (que incluye a jardineros y caseros) para el pleno reconocimiento de sus derechos.

Lic. Lorena Neo Romero


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