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Exhibicionismo en las redes: ¿Mostrar para valer?

El uso de las redes sociales a veces se convierte en abuso y, en muchas ocasiones, quienes se muestran excesivamente se vuelven rehenes de ellas, hasta el punto de verse envueltos como en una telaraña. Pareciera ser que, si no exhibís tu vida pública y privada desde que te levantás hasta que te acostás, “no pertenecés”.

Hoy por hoy, los “likes” definen la vida y el humor de la persona común, y la cantidad de publicidades y auspiciantes la de los famosos que no pueden desayunar si no lo hacen posando con la manteca tal, o ir a una fiesta sin sacarse una foto con el vestido cual. El canje suele salir muy costoso.
Otros, sintiéndose más audaces, no tienen límites y les encanta fotografiarse o filmarse con conquistas ocasionales o parejas estables mostrando virilidades y curvas. Fantasean subiendo imágenes “jugadas”; pero no están preparados para las críticas, y si se filtra material por la “mano negra” de un amante despechado, recién allí se acuerdan de la tan mancillada privacidad.

VOYEURISMO Y EXHIBICIONISMO. Sobre este tema, “El Bamba” dialogó con la licenciada Nora Ordoñez de Mena (M.P. 1718) y el médico psiquiatra Diego Pergolini (M.P. 2435), integrantes de Salud Interdisciplinaria (SI) y del Centro de Estudios Sociales para la Inclusión y el Desarrollo (CESID).
Para entender un poco más, los profesionales definieron voyeurismo y exhibicionismo: “Estos términos fueron usados en un comienzo por la psiquiatría y la psicología para caracterizar una patología de la sexualidad (parafilia) y que refiere a `desviaciones´ de la vía de satisfacción del impulso sexual: ver y mostrar (escenas eróticas y genitales). La palabra voyeur deriva del verbo francés voir (ver); el exhibicionismo es exponer, mostrar”.

-¿Por qué gran parte de la sociedad tiene la necesidad de mostrar en las redes todo lo que hace?
“Estas conductas, que eran referidas solo a la patología sexual, se han ido trasladando desde la psicopatología al campo social como rasgos de conducta convalidados y naturalizados, perdiendo así el carácter unívoco de enfermedad sexual, e integrándose y legitimándose como un comportamiento ‘normal’. Este fenómeno aparece con el dominio de los medios masivos de comunicación en el mundo, produciendo un nuevo paradigma cultural.
“El ‘exhibir’ y ‘espiar’ es hoy un estilo de vida: muestro mi intimidad y veo la del otro. Se ha desdibujado la línea divisoria entre la vida pública y la privada que en otros tiempos solo se visibilizaba en personas públicas, artistas, deportistas, etcétera”.

-¿Esto habla de una disconformidad con nosotros mismos?
“Así es. Se promueven modelos, estereotipos y estilos de vida como exitosos, deseables de alcanzar; se imponen tendencias, concepciones sobre lo bueno, lo malo, lo grotesco, lo divertido, lo cool. Inclusive en lo sexual, se generan fantasías e idealizaciones que no resisten la prueba de realidad, lo cual promueve vivencias de frustración e inconformidad”.

-¿Es una especie de hedonismo remixado, más cercano a la poca autoestima que a una personalidad avasalladora?
“El hedonismo de hoy es el resultante de una concepción cultural que fomenta el placer individual vacío de contenido y promueve lo efímero. Carece de valores profundos y esenciales para la vida, y se sustenta con refuerzos: cantidad de likes (me gusta), de amigos y seguidores… Importa más lo exhibido que lo vivido. Las vivencias cobran valor si pueden ser ‘compartidas’ en las redes: Instagram, Facebook, Whatsapp, Pintarest, entre otras”.
“Las fotos y las publicaciones parecen decir ‘me muestro para que mires; pero me enojo si tu opinión no cubre mis expectativas’. El doble discurso es probable que surja de la contradicción de lo que se exhibe y lo esperable como respuesta. A su vez, las redes funcionan como un espejo que resalta lo inaceptable o fallido de nosotros o de los otros.
“Además, en muchas ocasiones ponemos en riesgo nuestra integridad personal y somos vulnerables a extorsiones, amenazas, difusión de actos íntimos, exposición, bullying, etc. Lo publicado…. es a veces irreversible.
“Si bien los avances tecnológicos son un bien social que nos permiten ampliar la información, la comunicación y el conocimiento, el desafío es hacer un buen uso de ellos y desconectarnos de la virtualidad para conectarnos con el sentir, el pensar y el crear”, concluyeron los profesionales.

¿PATOLOGÍA PSICOLÓGICA? Mena y Pergolini coincidieron en que esto se transforma en una patología psicosocial “cuando la persona queda sometida o somete a otros; es dañada o daña a otro a partir de la emisión de mensajes, imágenes o contenidos. El poder de las redes sobre la vida humana es tiránico cuando promueve dependencia, pérdida de identidad, de autonomía y de juicio crítico en los usuarios”.

TODOS PODEMOS CAER EN LAS “REDES”. Este afán por mostrar no parece ser patrimonio exclusivo de la adolescencia y juventud; también los adultos suelen caer en las “redes”.
“El estar atrapado en las redes es un fenómeno de masas, abarca todas las clases sociales y edades. La vida virtual con frecuencia sustituye y dirige la vida real: en la ideología, en el amor, en el sexo, en el odio, en la apariencia, en los deseos, aspiraciones y fantasías. La ilusión proyectada en la pantalla, desata sentimientos de soledad y aislamiento de la realidad.
“Estar ‘conectado’ con frecuencia nos ‘desconecta’ de nuestra realidad (vínculos cotidianos, problemas, responsabilidades, conflictos) perjudicando el desarrollo saludable de nuestros proyectos de vida”.

Periodista Silvia Garrigós

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