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David Bonino: “La poesía debe pensarse a sí misma para no vaciarse”

El pasado viernes 1º, se realizó la presentación de “Una de cal, otra de Alberdi”, el segundo libro de poemas del escritor local Ijiel David Bonino. A lo largo de las tres secciones que componen la obra, el autor aborda tres grandes tópicos del mundo occidental: lo erótico, lo político y la existencia familiar. Estos motivos que dieron parto a los versos viscerales de Bonino, por otra parte, dan cuenta de las condiciones de existencia, la actualidad y la tradición que están presentes en el libro. Lejos de adscribir al estereotipo de la poesía aristocrática, “Una de cal, otra de Alberdi” pretende desacralizar el arte y ponerlo de pie sobre el barro.
“El abuelo come / una lenta papilla de renuncias / mientras comprende los 90 / a través de la pantalla del televisor. El resto / buscamos en silencio / la pintura del plato / en el fondo de la sopa” (fragmento de “1994” en ‘Una de Cal, otra de Alberdi’, Editorial Alción).

-¿Podríamos decir que hay un anacronismo en el hecho de publicar un libro de poesía?
Hay un preconcepto acerca de que la poesía, de alguna manera, pertenece al pasado. Eso ocurre porque no circulan los altos y grandes poetas que están escribiendo en la actualidad. Es decir, si uno agarra una poesía modernista, quizás hoy suene un tanto arcaico su lenguaje, un tanto pasado de moda; pero también ocurre con la música. Uno tiene que saber integrar el legado del pasado a los tiempos actuales. Yo busco que mi poesía hable el lenguaje de la actualidad. Hay gente que empieza a escribir y elabora un poema a priori con un arcaísmo en su construcción; pero la poesía debe nombrar y hablar la realidad.

-Eso implica utilizar un lenguaje cotidiano, por ejemplo…
Claro, giros coloquiales. Integrarlos. Por ejemplo, está el proyecto de grandes poetas como Zelarrayan, los hermanos Lamborghini, que han construido un tipo de poesía que está anclada en el siglo XX y también en el siglo XXI. Uno escucha en ellos el lenguaje que se habla todos los días.

-¿Hay un resurgimiento de la poesía nacional?
En Argentina hay una gran tradición poética que empieza con el Martín Fierro y se desenvuelve a lo largo del siglo XIX, estallando en el siglo XX, sobre todo a partir de la década del 20. Nosotros tenemos a Borges, que ha escrito muchísimos libros de poesía; y tenemos a Girondo; es decir, escritores que han construido una tradición literaria poética enorme. Tenemos poetas bestiales como Juan L. Ortiz -quizás el poeta más importante del siglo XX argentino- que ha construido una poesía completamente autónoma, que construye internamente sus propias reglas, estéticas y habla a través de esa construcción. Es decir, nosotros tenemos grandes producciones que se han superado y se modificaron a lo largo de las distintas generaciones; lo que generó que en Argentina tengamos un sustrato literario y poético enorme.

-¿En Córdoba también?
Sí, también se construye porque hay grandes poetas en esta provincia. Por ejemplo, decimos Ortiz, Hugo Ball, son personas que no escribieron desde el centro del campo intelectual metropolitano.

-En tu propuesta, ¿hay un intento de que la poesía no sea algo elitista?
Venimos de una tradición que ha pensado la poesía con la metáfora tan conocida de “la torre de marfil”. Eran los poetas los que consideraban que debía tener un lenguaje de la elite, que debía tener un lenguaje en donde algunos entendidos pudieran descifrarlo. Pero eso ha cambiado, el siglo XX ha dado extensas muestras de otro tipo de poesía -y alta poesía- completamente distinta. El título “Una de cal, una de Alberdi” justamente desacraliza esta idea del libro de poemas.

-Con respecto a tu primer libro, ¿hay alguna continuidad, alguna ruptura?
“Bonzo” tiene poemas más breves. En éste son más extensos; pero vuelven ciertas temáticas; sobre todo porque la poesía siempre se señala a sí misma. Es decir, la poesía es un diálogo con la poesía misma. No solo habla de cuestiones que son externas a ellas, sino que esas cosas que toma para construirse son un pretexto también para seguir hablando e indagando las posibilidades del lenguaje y el arte mismo. En ese sentido, hay una continuidad; creo que uno debe ir buscando su voz, que es lo que permite construir un lugar del decir.

-¿Y con respecto a las temáticas entre los dos libros?
El tema es que hay influencias literarias muy marcadas. Uno en su escritura también es el resultado de sus lecturas, y cada uno, cada escritor, hace una trayectoria de lectura particular y eso de alguna manera marca esa sonoridad, marca esa voz que uno construye, que obviamente está plagada de otras voces.

-A diferencia de otras producciones como la música o la televisión, la poesía parece mucho más autónoma e independiente en relación a otros consumos culturales…
Ahora se está volviendo mucho a los recitales literarios, que tienen un formato donde justamente se integra la música. Se recitan poesías o textos breves, se escuchan otras propuestas artísticas y también se integran los elementos culturales de la noche; como el alcohol y la media luz. En el último tiempo este tipo de iniciativas están proliferando. Fueron muy famosos los recitales literarios de la generación beat en donde la gente iba a un lugar a escuchar poesía; creo que se está reeditando esa modalidad. Hay distintos espacios en las sierras de Córdoba que implementan esta modalidad, que es de lo más interesante, porque modifica la forma de recepción de la poesía individual y la expande.

-Cuando abordás la dimensión política en este nuevo libro, ¿parte de algún diagnóstico de la situación nacional?
Algunos poemas sí; aunque no es una evaluación de la cuestión política como una coyuntura estrictamente puntual. No está tampoco así en el libro. Se trata más bien de una atmósfera de estos últimos años lo que estaría presentado en el libro. No una cuestión social actual; si bien hay algunos aspectos puntuales, en general se trata de pensar la política a través de la poesía.

-¿Considerás que la poesía debe defenderse y argumentarse, o es una práctica simplemente espontánea?
Creo que la poesía debe ser teorizada, y debe teorizar. Creo que toda práctica artística, por lo menos, debe enmarcarse en una reflexión. La poesía tiene el deber, en cierto sentido, de reflexionar sobre sí misma también. Es decir, no ser un gesto enteramente gratuito. Debe reflexionar sobre sí, pensar la otra escritura y no tiene que dejarse librado enteramente al azar. En definitiva, la poesía debe pensarse a sí misma para no vaciarse.

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