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Interés General

Edición 727

Cuentos coloniales

17 Junio, 2017 | 718, Interés General, Portada con 0 Comentarios

Con motivo de celebrar el Día Nacional del Libro, los alumnos de segundo grado del Instituto García Ferré escribieron tres cuentos sobre la época colonial, unidad que están viendo con su maestra Lourdes Hurt.

La escoba perdida
Había una vez un niño llamado José, su trabajo era vender escobas; pero un día… ocurrió un problema ¡una de sus escobas se le perdió! La buscó por todos lados, y no la encontró.
Le preguntó a un desconocido que vendía también en la plaza Mayor si podía ayudarlo, y luego de tanto buscar, hasta en los lugares más raros, el desconocido la encontró. Esta persona misteriosa, se llamaba Adrián, quien se transformó rápidamente en amigo de José. Después de conversar, cada uno se fue a su casa y todos los días pactaron verse en la plaza Mayor a la misma hora, sin importar la lluvia, el frío, el calor, porque lo más importante era compartir y divertirse con sus grandes travesuras.

Un pequeño inconveniente
Había una vez un nene llamado Armando, su mamá organizaba una tertulia; eran tantas las personas que iban a sus reuniones que sus esclavos no podían organizar todo solos, entonces le pidieron ayuda. Primero debía ir a sacar agua del aljibe y luego a la plaza Mayor por una escoba para que Rosa la esclava pudiese terminar de limpiar el salón, y empanadas, porque para cocinar a tantas personas, había que tener muchos hornos de barro y solo había dos.
A la tarde, cuando llegaron los amigos de Armando, las empanadas se acabaron rápidamente y fue ahí cuando se dio cuenta que ¡¡¡había olvidado dos de las canastas con empanadas!!! Volvió corriendo a la plaza y ya no estaban, y los puestos estaban cerrados. Volvió muy triste a su casa, y se le ocurrió pedirle ayuda a Rosa, quien era muy buena cocinando empanadas. ¡Sus amigos al salir de la tertulia comentaban que eran las empanadas más ricas del mundo! ¡Su mamá estaba muy orgullosa de él por su gran trabajo!

El problema de Don Ramón
Don Ramón era un aguatero. Se levantaba muy temprano para ir al río a buscar agua y llenar sus baldes, para luego ir a trabajar. Caminaba casa por casa vendiendo y en su pregón decía: ¡Vendo agüita fresquita para las niñas bonitas! Luego iba a la plaza Mayor y allí se encontraba con sus amigos, como el escobero Pedro, el farolés Juan, la vendedora de pastelillos Sofía, el lechero Renato, el velero Lucio, y el vendedor de empanadas Ciro. Pero Don Ramón tenía un problema… le pesaban mucho sus baldes. Su amiga la lavandera Rita, se acercó en el momento que cargaba el agua con un palo de escoba y dos sogas, silenciosamente ataba nudos, cortaba, subía, bajaba y terminó poniendo dos de los baldes de Ramón allí, se lo colgó en la espalda de Don Ramón y él no podía creer el alivio que sentía en su espalda.
¡Desde allí su trabajo es mucho mejor! Ramón agradece todos los días la idea de su amiga la lavandera Rita.

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