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Correr después de los 40: El sueño de Cristina

Cristina Pierini tiene 44 años, y llegó primera en la Vuelta al Lago San Roque, maratón que se realiza todos los años con distintas modalidades de distancia: “El año pasado la corrí por primera vez y nos inscribimos con un compañero en los 42 por posta; hicimos 21 kilómetros cada uno.
“En esta oportunidad tuve la posibilidad de que me volvieran a anotar en la carrera, y fui por los 42. En el 2017 la corrí en un buen tiempo, me sentí muy bien y además estaba entrenada para hacerlo. Pienso que a una distancia así hay que tenerle respeto; yo sabía que podía hacerlo, mi meta era llegar.
“Tal vez el año pasado también estaba preparada; pero no es bueno saltar etapas, hay que disfrutar cada momento. Me gusta terminar entera e irme a mi casa, hacer la comida; no estoy para lesionarme, no tiene sentido, porque tengo una vida que sigue, hijos que cuidar, un trabajo por hacer, obligaciones.
“Para mí, llegar a la meta en esta carrera era lo más importante, porque te pueden pasar mil cosas, aunque estés entrenada; entre las primeras diez era un logro, y llegar primera fue toda una alegría”.

“PREFIERO LAS COMPETENCIAS DE SENDERO”. Si bien Cristina se entrena y practica mucho, no tenía nada planificado: “Salí a correrla, trotarla, no tenía un plan; es más pensé en hacerla a un ritmo tranquilo porque nunca había corrido los 42 en carrera, y sinceramente no sabía cómo me iba a sentir en el camino de las cien curvas, que era la parte final.
“Pensé llevar un ritmo tranquilo para poder terminarla; pero en los primeros diez kilómetros me di cuenta que iba más acelerada de lo que creía y pensé que si me sentía bien así seguiría de esa manera y así hice. Estaba bien, no me dolía nada, para qué iba a bajar el ritmo”.

-¿Qué pensás cuando corrés?
“Esta vez, salí mirando a los corredores, encontré varios conocidos, los saludé, charlé con algunos. Quizás el que va con un objetivo fijo ni te mira, va concentrado; pero ese no es mi estilo y menos en las carreras de calle. En las competencias de sendero uno debe ir más concentrado por la topografía, tratando de evitar inconvenientes, me gustan más porque son más técnicas.
“Lo que sí hice como estrategia fue parar e hidratarme en los diferentes puestos que había a lo largo de la carrera, algo indispensable porque son muchos kilómetros.
“Es más, cuando pasé los 21 kilómetros les avisé a mis hijos que llegaría más rápido de lo previsto; ellos, junto a mi novio me iban a ir a esperar”.

-¿Cuándo supiste que ibas a ganar?
“No quería cantar victoria antes de tiempo, porque cualquier cosa puede pasar; pero uno en su interior se va dando cuenta cómo está corriendo y a quienes va dejando atrás. Igualmente, en el camino me encontré a una profesora que también estaba corriendo y me dijo que iba muy bien”.

“LOS ÚLTIMOS METROS LOS HICE CON MI HIJA AGARRADA A MI MANO”. Cristina tiene dos hijos, una nena de 10 y un adolescente que está por cumplir 14 años. Luego de separarse de su esposo, que decidió volver a Buenos Aires; la vida no ha sido fácil para ella y sus hijos; sin embargo, enfrenta la situación con una sonrisa, y encuentra en el deporte un espacio que le permite distenderse y alejarse de las preocupaciones cotidianas.
Los chicos me acompañan en todo; antes de dedicarme a correr empecé hándbol en el Polideportivo, mientras ellos hacían otras actividades. A finales del 2015 me di cuenta que me gustaba correr; aunque no tengo antecedentes en mi familia en el atletismo, y desde ese momento nunca más dejé.
“En el 2017 una compañera de hándbol me inscribió en una carrera en la cual ella también participó, así fue como empecé con las competencias. En esta última maratón pasé por mi casa, los vecinos me vieron y me saludaron muy contentos.

Los últimos metros los hice con mi hija agarrada a mi mano; y en otra competencia -en Alta Gracia- justo había un fotógrafo que sacó nuestros pies cruzando la línea de llegada… fue algo hermoso. Esos momentos son inolvidables”.
Al principio, a Cris -como la llaman sus amigos- le costó tomar coraje y salir a hacer lo que le gusta: “Sentía que estaba grande, que me iban a tratar de loca por salir corriendo; uno piensa muchas cosas y tiene prejuicios; a esto se le suma la opinión de la familia. Muchos toman esta actividad como moda; para mí es un estilo de vida que disfruto mucho; por ejemplo, salir un domingo bien temprano con frío o calor. A veces tenés ganas, otras no; pero hay un momento en que la conexión con el entorno es tan plena, que siempre agradezco la oportunidad de correr.

“Cuando uno sale a entrenar, el primer kilómetro siempre cuesta, se siente pesado; pero cuando cambiás el aire, seguís y llega un momento en que decís ‘qué bueno estar haciendo esto’; que no es fácil porque requiere esfuerzo y continuidad. Al principio sentía culpa porque dejaba a los chicos, hasta que me di cuenta que ellos valoran lo que me hace feliz, me acompañan, me controlan el tiempo, y los días que no salgo son ellos los que me impulsan”.
La mujer sabe que si hubiese empezado antes a correr otros serían los sueños por cumplir. Hoy tiene objetivos no tan ambiciosos; pero no por eso menos gratificantes: “Seguir compitiendo y llegar a viejita trotando, activa”, sentenció Cristina.

LLAMADO A LA SOLIDARIDAD. Cristina tiene un trabajo que apenas le alcanza para cubrir las necesidades básicas de ella y su familia. A veces ni siquiera puede inscribirse en las competencias porque tiene otras prioridades, y ese dinero lo utiliza para mantener a sus hijos.
Por eso, necesita de alguna persona o empresa que quiera ofrecerle un trabajo, ser su sponsor en las carreras o ayudarle a adquirir la indumentaria para su participación en los certámenes.
Hasta hace unos meses pudo pagar el entrenamiento con un profesor que viene desde Córdoba. Cuando pensó abandonar por falta de recursos, éste la invitó a asistir gratis, ya que es la única mujer del grupo y él sabe de sus condiciones.
Cris necesita de nuestra ayuda porque es un ejemplo para sus hijos y también para la sociedad.

Silvia Garrigós

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