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Cerro La Cruz: Volver a creer

Las tragedias acaecidas en el sector tienen en vilo a la comunidad; sin embargo, un conocedor del recorrido invita a restablecer la rutina y la confianza.

cerro_la_cruz_2En 1934, y en adhesión a los festejos del 32º Congreso Eucarístico Internacional, se erigió en nuestra localidad el monumento que se convertiría en uno de sus principales atractivos. Con doce metros de altura y construida en hormigón armado, «La Cruz» tuvo entre sus impulsores a don Bernardo D‘Elía, un destacado vecino de la entonces incipiente Villa. Años más tarde, la montaña sobresaldría, junto con El Cu-Cú, como uno de los paseos imposibles de ignorar por quien visitara la Perla de Punilla.
Para los carlospacenses, mientras tanto, escenifica una parte de nuestra vida. Ascender hasta su cúspide para deleitarse con la vista, cumplir con promesas, hacer ejercicio o simplemente «despejarse», suelen ser actividades que consideramos «normales» quienes vivimos aquí.
No obstante, cuando entre sus senderos se hallaron los cuerpos de Andrea Castana y Hernán Sánchez, la obvia sensación de miedo y pesadumbre se apoderó de muchos de nosotros; algunos llegaron a «pedir» que cierren el camino por considerarlo inseguro.
cerro_la_cruz_isidro_gelpiIsidro Gelpi vive en la Villa desde hace 30 años y subió al monumento miles de veces; casi a diario. De hecho, entre las contadas oportunidades que no lo hizo se encuentran las jornadas posteriores a los hechos de público conocimiento. Pero el último miércoles 18 decidió volver a su rutina y trepó nuevamente esos 2200 metros; disfrutándolo como siempre.
Más aún, Isidro señaló que en esta «nueva primera vez» pudo apreciar la flora que crece frondosa al lado de la «vía principal», merced a las precipitaciones estivales. Dijo conocer «hasta los cuises, pájaros, los zorritos que hay; todo. Es un lugar hermoso, con las últimas lluvias la vegetación se volvió tan grande»; al tiempo que recordó que hace 60 años, cuando llegó a la cima por primera vez a la edad de 23, había menos plantas.
En tal sentido, el hombre que «adoptó» al cerro quiso llevar tranquilidad a la población. «No es un lugar peligroso porque todos los que subimos somos gente de bien que no pensamos en la maldad, ni en esas cosas terribles que han pasado. Dios quiera que la gente confíe en que no es peligroso. Con lo que pasó, Dios va a castigar a quienes lo hicieron», manifestó, depositando la esperanza en sus creencias religiosas.
Y agregó: «Nos han tocado un lado sagrado, porque muchísimas de las personas que van, lo recorren para pedir por la salud de sus familiares, hace años que subo y todos los que van ahí lo hacen de bondad».
Ahora, Isidro siente que tiene un nuevo objetivo, hacer que la ciudadanía «no pierda la fe», para que, a pesar de lo ocurrido, los vecinos vuelvan a hacer ese trayecto que ya es parte de la vida cotidiana de Villa Carlos Paz. «Que me sigan a mí, voy a ir todos los días», desafió.

«La gente va a volver»
Después de los infortunados acontecimientos del 13 de marzo, gran parte de la población carlospacense puso el acento en lo «peligroso» del lugar y cómo esto podía afectar al movimiento turístico.
Sin embargo, contrario a las especulaciones, solo fue necesaria una semana para que aquellos que llegaron a la ciudad con motivo del fin de semana largo enfilaran por el sendero principal y treparan hasta la cruz provistos de agua, mates y colaciones. Parejas y familias con niños subían sin inconvenientes y, solo en algún que otro caso, comentaban lo sucedido como si se tratase de una «anécdota».
Sí, puede parecer frío, pero esa era la reacción que mostraban los visitantes. No había miedos, intrigas, marchas o suposiciones sobre los posibles responsables de dos muertes que «coincidieron» en el cerro más popular de la Villa.
Al pie del mismo, el clima intenta ser el de siempre; aunque ahora «están todos anonadados», se limitó a decir un permisionario que prefirió no dar su nombre, y retomó su trabajo recién el pasado sábado 21.
«No vine por la cantidad de gente, guardias y periodistas que había», justificó; y reconoció que le resulta extraño ver una posta policial y una camioneta a un costado del camino; «no está mal que vengan a cuidarnos. Lamentablemente tuvo que pasar esto para que tengan un cosquilleo y empiecen a hacer algo», manifestó.
A su criterio, la población local restituirá la costumbre de hacer el itinerario. «No creo que cambie en nada el cerro. Me parece que cuando pase un poco todo esto y se enfríe, la gente va a volver».

Periodista Yanina Flandin

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