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Castañuelas, zapateo y la expresión de un sentir

El flamenco nació en el sur de España a causa de la huida de los árabes por la guerra. Ahí los gitanos comenzaron a mezclarse con los españoles y surgió el `cante jondo´ del golpe de las palmas, de una piedra o un cajón, y a partir de todo eso es que se mezclan las culturas”, apunta Alejandra Sancho, profesora de danzas que dicta clases en su estudio particular y en diversas instituciones educativas; con ella dialogamos sobre este estilo artístico.

-¿Cuánto hace que sos bailarina?
Bailo desde los tres años. Mis hermanas iban a danza con Cristina Sánchez, cuando mi mamá las llevaba, siempre le preguntaba si me podía dejar, hasta que un día aceptó; desde ese entonces, nunca dejé de bailar, y siempre me destaqué. Llegué a ser la mano derecha de Cristina, y hasta di clases con ella.
Soy profesora de danzas clásicas, españolas y folclóricas. Siempre bailé las tres, porque incluso la danza clásica es la base de todas. Eso es algo que recalco en mis hijas y mis alumnas, una buena base de clásico hace la diferencia.
Tanto mi mamá como mi profesora siempre fueron muy estrictas en que no abandonara la danza clásica; entonces, cuando bailás español, ahora que está muy de moda el estilizado, se nota, porque no es solamente bailar español, hay que tener línea, y esa línea te la da el clásico y el tango.
Lo que más me gusta es el folclore; de hecho, soy maestra de folclore en la escuela Margarita A. de Paz, y el flamenco por supuesto. Soy muy feliz bailando, y trabajar de lo que a uno le gusta realmente te hace sentir completa.

-¿Por qué te inclinaste por flamenco?
Tengo sangre española por mi abuela. Si tuviera que elegir un lugar en el mundo donde nacer, sería España. Me encanta mi país; pero escucho música flamenca y me transporto, se me eriza la piel. Lo mismo me pasa con una zamba; es escuchar y ponerme a bailar.

-¿Hay muchos adeptos a esta danza?
Sí, en la escuela tengo bastantes alumnas. En Carlos Paz no está muy de moda; pero en Córdoba se han abierto muchos tablaos de flamenco, y hay varias escuelas que se juntan a bailar; entonces atraen a la gente.
Mis alumnas se renuevan permanentemente. Como toda danza, es una cuestión de moda, en una época lo fue el hip-hop o el aerodance. El furor del árabe duró dos o tres años, y eso se notó, porque varias optaron por cambiarse.
En la escuela tenemos más o menos cien familias; muchas alumnas hacen clásico, español y contemporáneo; otras hacen solo español. En flamenco de adultas son entre quince y dieciocho, y vienen dos veces por semana, los jueves de 21 a 23 y los sábados de 10 a 11:30. Por otro lado, los martes y jueves de 19 a 22, y sábados de 11:30 a 14 para el grupo avanzado.

-¿Hay posibilidades de exponer esta danza en la Villa?
Sí. La semana pasada estuvo el Danzamérica, y Cristina Sánchez me habló para que participáramos porque trajo al director del Ballet Nacional de España; pero nos fue imposible. El grupo fuerte o avanzado está integrado por doce chicas que dividen sus horarios entre la facultad y el trabajo, y se hacía muy complicado asistir. Eran tres días intensos de baile.
Pero el flamenco no está en auge como el clásico que otorga becas para ir a Estados Unidos; en flamenco no hay subsidios para tomar clases en España con el mejor bailarín, lamentablemente; por eso no genera mayor entusiasmo.

-¿Has participado de certámenes?
Sí, aunque no había competencias como ahora. Recuerdo que todos los sábados íbamos con Cristina y el Ballet Carlos Paz a Telemanías, nos sentábamos a esperar que llegara nuestro turno, y cuando nos tocaba salíamos con todo. Las competencias surgieron hace veinte años, más o menos. De todos modos, hoy solo intervengo como jurado, quienes se presentan son mis alumnas, y siempre sobresalen.

-¿Aporta algún beneficio a la salud?
Sí, cien por ciento; para el alma porque es una danza recreativa, y como entrenamiento físico, ya que hacemos calentamiento, estiramiento y culminamos la clase con abdominales y elongación. Con el trabajo de zapateo, braceo, espalda, castañuelas, las chicas se van agotadas.

La voz de las alumnas
· René: “Empecé hace cuatro años y es una danza en la que movés todo, cuerpo, brazos, piernas, y te despeja la cabeza. Bailé folclore por más de doce años hasta que un día me decidí a comenzar con flamenco. Tengo 58 años y la verdad es que estoy feliz; no falto a ninguna clase, porque me hace sentir muy bien. Por otro lado, Ale es muy agradable al igual que el grupo de chicas”.
· Virginia: “Había estudiado danzas con Ale de chiquita, después dejé, y la vida me volvió a traer porque sentía que tenía una cuota pendiente. Me arrepentí de haber dejado en aquella época y decidí retomar hace unos cinco meses”.
· Eugenia: “Comencé hace poco más de un mes. Estaba haciendo árabe, el flamenco siempre me gustó; pero no me animaba. Hasta que conocí a Alejandra y a las chicas, y me encantó; estoy más entusiasmada de lo que pensaba. Vine dudosa, porque obviamente el árabe es completamente distinto; pero estoy feliz de haber empezado”.

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