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Arte al servicio de la fe: Brochero made in Carlos Paz

Montado en su mula, fortachón, con el poncho a cuestas, un “pucho” humeando y la simpleza del insulto a flor de piel, aguarda el Cura Gaucho de Traslasierra, José Gabriel Brochero, ser venerado en la fidelidad de su naturaleza. De tamaño real, lo construyeron Maina Cordero y Adrián Salvador en su taller de calle San Luis, allí mismo donde se cocinó la hoy imagen oficial de la Iglesia Nacional Argentina en la capital italiana.

La diferencia está en la deconstrucción que ordenó el Vaticano a propósito de su beatificación. “Hay muchas disidencias con ese tema, los religiosos dicen que el sostenimiento del cigarrillo en la imagen de un santo propiciaría el vicio; otros opinamos al revés, porque lo hace mucho más humano. Más allá de la temporalidad, Brochero nos resulta cercano por saber que era un tipo mal hablado, fumador y con unos kilos de más cuando gozaba de buena salud”.
Conclusión a la que Maina, licenciada y docente en la Escuela Superior de Bellas Artes Doctor José Figueroa Alcorta, arribó junto a su esposo luego de un minucioso estudio de la vida del primer santo cordobés. Compromiso que asumen con cada personalidad eclesiástica que llega a sus manos con el objetivo de ser restaurada o creada desde cero. Así desde el año 2009.
Cordero Salvador surgió “como un taller de imagen contemporánea, donde queríamos formar cosas que tuvieran más que ver con nosotros y no seguir trayendo moldes de Italia”, a propósito de reproducir cánones estéticos europeizados. “Empezamos a hacer cristos, vírgenes, ángeles con fisonomía latinoamericana y la aceptación fue muy complicada. Así como la gente reconoce a la Virgen María con ojos celestes, sucede lo mismo el Niño Dios y el resto.
“Ahí empezamos a tomar un camino distinto, el de la restauración” y ese cambio de rumbo los condujo al Cura Brochero primero, y después a Crescencia Pérez, Mama Antula y Madre Catalina. “Al final, esta idea de modelar imágenes contemporáneas y que fueran creadas con los rasgos de acá no resultó en los cristos, las vírgenes y los niños; pero se está dando con los nuevos beatos. Porque no hay moldes” y es allí cuando “ponemos el arte al servicio de la fe”.
Maina y Adrián tienen la agenda ocupada hasta octubre, y entre sus obras destacadas figuran la restauración de la “Purísima” y la creación del Brochero que fuera obsequiado al Papa Francisco por el padre Roberto “Chobi” Álvarez, entre los muchos distribuidos por todo el país.

CON AMOR Y RESPETO. La resina, el caucho y las pinturas, en su mixtura, no lograrían por sí mismas arrojar los producidos del taller de escultura religioso más importante de la ciudad, si no fuera por el amor y el respeto con el que afrontan estos artesanos hasta el más mínimo detalle.
El abordaje teórico y el compromiso estético los tiene ocupados por meses en una misma estatua. “Leemos, hablamos mucho con los religiosos, observamos fotografías, vamos a los lugares donde profesaron los distintos santos, entramos en sus vidas, tocamos las telas que los vistieron”.
Ese conocimiento se vuelca en una escultura de arcilla que hará las veces de base para el molde de caucho, y de allí la reproducción en resina plástica. Como un huevo de pascua, las piezas se construyen por separado e integran “con lija y paciencia para que no se note”. Sigue el tallado ocular y las capas de pintura a pincel.
“Trabajamos a conciencia y muy seriamente porque con el tiempo nos hemos ido dando cuenta de la importancia que revisten estas imágenes: son para siempre y tienen que crear devoción en el otro”. Por eso, confiesan, “muchas veces el arte tiende a la idealización y está bien que así sea. Brochero era más feo de lo que lo hacemos, Catalina era más vieja y antipática. Pero no pueden estar tan serios o a las carcajadas sino más bien con una sonrisa sutil, que te lleve, te trasporte. Lo mismo sucede con los ojos y la posición de las manos”. A sus pies rezarán los creyentes y deben sentirse atraídos a depositarse en cuerpo, alma y fe.
Sendero inverso por el que transitan cuando se trata de una restauración. “Las imágenes que llegan al taller para ser restauradas, albergan un montón de historia, la que te cuenta quien la trae y la que te cuenta la imagen”; además, “es fascinante la carga energética que traen. Tantas personas les han confiado sus peticiones a esa imagen que uno tiene que deberles respeto”.

LOS TRUCOS DEL DESTINO. Maina y Adrián admiten, emoción mediante, que no fue hasta que el Cura Gaucho se les atravesó en sus vidas que el taller cobró reconocimiento público -aunque curiosamente no en Villa Carlos Paz- y comenzó a crecer sin parar. Ocurrió en esa etapa cuyo anhelo originario los obligaba a reinventarse constantemente: “Nos pidieron que restauráramos a la Purísima, su virgen personal, con la que llegó a Villa del Tránsito, a la que le rezaba la misa desde la cama cuando estaba enfermo de lepra y con la que murió”.
Una talla de madera de unos sesenta centímetros que en su estadía los indujo a conocer “la valía, inteligencia y lo visionario para su época” que era José Gabriel. Sentimiento de excepcionalidad por el que “casi en paralelo” y “cuando todavía no se hablaba públicamente de la beatificación de Brochero, un sacerdote de Córdoba, Francisco Morra, nos encargó uno por fanatismo personal, no lo iba a poder poner en la Iglesia porque aún no estaba permitido venerarlo.

“Para nosotros, en ese momento, era un desafío muy tremendo desde todo punto de vista: técnico y económico”. Entonces le ocurrió “una cosa muy rara” a Maina. “Le dije al cura que no, que no lo íbamos a hacer; pero que iba a hablar con el taller donde trabajaba antes, uno muy tradicional de Córdoba, donde seguramente podrían ayudarlo. Me fui de la reunión convencida de que no lo iba a hacer, y cuando me subí al auto, siempre digo que me cayó como un rayo en la cabeza, le dije a Adrián: lo vamos a hacer porque este hombre va a ser santo.
“Nos costó mucho, en ese momento no teníamos plata ni para pagarle a una escultora. Después, como el taller fue creciendo tan sorprendentemente, sumamos a Andrea Toscano”. Pero para sortear la dificultad ocasional, “empecé yo a modelarlo y, entre tanto, vino un cura de Cosquín a retirar la Virgen del Rosario que estábamos restaurando y quiso otro. Antes de estar terminado, ya teníamos el segundo encargado; y así se fueron sucediendo los pedidos”.
Este padre, hoy obispo auxiliar de la Diócesis de Comodoro Rivadavia, Roberto “Chobi” Álvarez fue quien le llevó una estatua made in Carlos Paz “como obsequio al Papa”. Una experiencia que ambos artistas describen como “muy hermosa porque Chobi nos contó que el Papa dijo que le había gustado tanto, que se iba a quedar unos días con él y después iba a pasar a ser la imagen formal en la Iglesia Nacional Argentina de Roma”.
La anécdota del caso es que “hasta le construimos un cajón gigante para que viaje en avión, algo que no habíamos hecho nunca, jamás nos arriesgamos con el transporte.
“Arrancamos con un Brochero de 90 centímetros, después hicimos uno de 70 centímetros para las iglesias más pequeñas, y como vimos que en la Catedral y en la Iglesia del Sagrado Corazón (conocida como Los Capuchinos), por citar dos ejemplos, se perdía, entonces apostamos a hacer uno de 1,45. Este -señalan orgullosos a su obra maestra- es de tamaño natural”.

Lic. Lorena Neo Romero

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