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Edición 706

Análisis: La fragilidad de las reformas educativas

23 Diciembre, 2016 | 696, Interés General, Portada

«Tienen una especie de efecto de maquillaje sin conmover el corazón de las escuelas».
El intelectual francés François Dubet, experto en el sistema escolar, indicó que no basta con reformas educativas, hay que transformar la naturaleza misma del sistema. Afirma que «sufrimos una suerte de febrilidad de reformas escolares que no cambian nada; lo único que hacen es fatigar aún más a los profesores y los vuelven escépticos».
Sobre éste y otros temas dialogamos con la pedagoga Diana Bertona: «Tiendo a compartir el pensamiento de Dubet en el punto en que considera la fragilidad de las reformas a los sistemas educativos de los últimos años, en casi todos los países del mundo. Es decir, reformas que no alcanzan a alterar el núcleo más duro de las escuelas y que tienen una especie de efecto de maquillaje sin conmover su corazón. Éste se compone principalmente de la combinación (casi de relojería) de tiempo-espacio-conocimientos y maestros. Lo cierto es que las distintas `reformas´, generalmente se hacen sobre el currículum; -esto es, qué enseñar en las escuelas- no han logrado producir efectos de mejores aprendizajes ni sociedades más igualitarias y justas, tal como fue la intención que sostuvo la creación de las escuelas.
«Pensemos que los sistemas educativos en el mundo son relativamente jóvenes y muy parecidos entre sí. Se crearon, en su mayoría, entre 1870 y 1930 con la finalidad de formar ciudadanos para los nuevos estados nacionales. De este modo se inician con la primaria obligatoria, a los fines de la alfabetización masiva, con una organización graduada por edades, con financiación y regulación estatal y un currículum común».

«ME CUESTA PENSAR EL MUNDO SIN ESCUELAS». Bertona explicó que Dubet «plantea la poca eficacia de las reformas que, a 150 años de la creación de los sistemas educativos en el mundo, no han producido sociedades más igualitarias. Sin embargo, hace aproximadamente 30 años que distintos pensadores vienen anunciando la crisis de los sistemas, de la escuela como dispositivo y hasta la muerte de la historia y de la infancia como esa edad que requiere de atención y educación por parte de las generaciones adultas.
«En mi caso, me inclino a pensar que se trata de pensamientos que funcionan como hipótesis potentes a las cuales hay que prestarle atención; pero suelen ser muy totalizadoras. Es decir, no creo que haya que anunciar la muerte prematura de los sistemas educativos; pero sí considerar que se requieren cambios profundos teniendo en cuenta que la ciudadanía del siglo XXI es `mediática´. La cultura digital está instalada, los niños y niñas acceden a estos medios aun antes de aprender a leer y a escribir; por lo tanto, oponerse a ella no solo resulta inútil sino también, poco productivo.
«Ahora bien, considerar la digitalización de las sociedades -y junto a ello el triunfo del tiempo sobre el espacio- tampoco significa necesariamente asumir una postura que haga un elogio exacerbado ni una aceptación acrítica de su incorporación en las escuelas.
«Lo que quizás las escuelas sí pueden hacer frente a este fenómeno es intermediar entre la idea de niño consumidor que el mundo digital impone, y la de transmisión de la cultura que la humanidad ha construido. Esto significa intentar reformas en donde lo `nuevo´ y lo `viejo´ se vinculen.
«Por lo tanto, y en esto acuerdo con Dubet, tal vez tengamos que pensar reformas que pongan en el centro de la escena la educación de los niños en la sensibilidad por la vida en común, más allá de cualquier diferencia religiosa, racial, cultural o social».

¿Considera que han dado resultado las distintas enmiendas implantadas a lo largo de los años? ¿Es factible reconvertir el sistema?
-Las reformas de los últimos años casi no han reformado nada del dispositivo escolar. Se ha extendido la obligatoriedad, se han introducido nuevas materias, se han sacado otras. Se evalúa de distintas maneras, pero siempre se evalúa, dado que las sociedades todavía confían en las credenciales que otorgan las instituciones educativas desde el Jardín de Infantes hasta la Universidad. En suma, pasan cosas; pero lo que no se altera es la vida, el corazón de las escuelas. Aquello que debería congregar las energías sociales, intelectuales y políticas -lo cual es bastante difícil pero no imposible- es precisamente lo que tiene que ver con la vida cotidiana de las escuelas.
Me cuesta pensar el mundo sin escuelas, sin sistemas educativos; pero tiendo a imaginármelas articuladas en sistemas que garanticen que todos puedan aprender y disfrutar de la cultura que va produciendo el mundo, y en ello es preciso que intervengan la mayor cantidad de actores posibles.
Y ahí hay un inconveniente porque ponerse de acuerdo es un problema; pero no hay posibilidades de cambios o reformas sin consentimiento colectivo.

¿CUÁNTA IGUALDAD ESTAMOS DISPUESTOS A SOPORTAR? El Ministerio de Educación de la Nación está evaluando mudar la manera en que se enseña a leer y escribir a los chicos de los primeros grados. Buscaría promover la llamada «conciencia fonológica» como metodología de enseñanza. Los promotores de esta iniciativa aseguran que evitaría retrasos y que ayudaría a aprender a leer antes. Lo que se plantea es totalmente lo contrario a la Unidad Pedagógica.
«Es falsa la idea de creer que la intención de los planificadores de los sistemas educativos se plasma, así como así, y de un día para el otro en la vida escolar. También lo es creer que un gobierno determinado, sea cual fuere su signo político, logra modificar lo que verdaderamente se enseña en las escuelas. Asimismo, es ingenuo sostener que una metodología para enseñar a leer y a escribir consigue `cambiar´ resultados de abandono, repitencia y un sinnúmero de injusticias que pesan sobre las infancias, especialmente las más vulneradas.
«Flavia Terigi, la pedagoga argentina que hace unos años visitó nuestra ciudad en uno de los Encuentros Docentes, dijo algo con lo que coincido: Ni la `psicogénesis´ domina la alfabetización desde hace 30 años, ni `la conciencia fonológica´ comienza ahora… Son dos perspectivas de muy distinto orden sobre los procesos de adquisición de la escritura. Las dos han tenido sus propios desarrollos didácticos y ambos han influido en distintos sectores del sistema educativo. Puede decirse mucho, pero son muchas más las dimensiones en las que se debe trabajar para intervenir efectivamente en las enseñanzas y, además, la variedad de perspectivas que median en cualquiera de esas intervenciones, hace que en los sistemas educativos los cambios se relacionen débilmente con la voluntad de los planificadores de turno».

¿En este primer año de gobierno, advierte avances en un área tan importante y sensible como la educación?
-No noto avances porque los avances o los retrocesos en educación se perciben después de varios años. Por otro lado, dudo mucho de las verdaderas intenciones acerca de la importancia y sensibilidad de la educación como área de gobierno. No conocí ninguna gestión que no declamara con vehemencia todo lo que hay que hacer en educación y que efectivamente lo haya logrado. Algo está pasando con los sistemas educativos y sus débiles efectos; por lo tanto, creo que constituye una ingenuidad considerar que su despegue y eficacia sea potestad de un solo gobierno. Me parece que la tan mentada importancia de la educación es un asunto que debería movilizar voluntad política y social pero también, desenmascarar discursos y hacerle lugar a la siguiente pregunta: ¿cuánta igualdad estamos dispuestos a soportar?

Silvia Garrigós

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