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Editorial: En pie de lucha

Publicado: por en la edición 770, Opinión Sin comentarios

Conceptualmente, la apatía es la falta de emoción, motivación o entusiasmo. Es un término psicológico utilizado para describir un estado de indiferencia, en el que un individuo no responde a aspectos de la vida emocional, social o física.

Extensivo al conjunto poblacional, aplica con el mismo rigor y su principal reflejo es la inasistencia masiva a las actividades que atañen a la res pública, desde actos cívicos, pasando por campañas solidarias a manifestaciones en reclamo por derechos colectivos.

En esta dirección, Villa Carlos Paz históricamente ha sido considerada una ciudad apática, con exclamaciones esporádicas y otrora relacionadas con la situación económica de la clase media, principalmente: el cacerolazo del 2001 hizo las veces de ejemplo épico, hasta la muerte de Alberto Nisman.

De la biografía reciente, la indignación por la dudosa muerte del fiscal tras su denuncia contra la expresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, marcó un antes y un después en lo que dicho sentimiento de impotencia sería capaz de despertar entre los citadinos. Las fatídicas desapariciones y posteriores hallazgos sin vida de Hernán Sánchez y Andrea Castana le sucedieron, repitiéndose ante el feminicidio de Andrea Vidosa.

La perla de Punilla, entonces, ¿salió de su letargo individualista? Cuando la eutrofización del lago San Roque y sus inmediatas consecuencias en la salud pública activaron las alarmas, pocos vacilaron en demandar políticas de emergencia. Lo mismo sucedió frente a los daños ambientales denunciados por numerosos especialistas respecto de la autovía de montaña que el gobierno de la provincia está construyendo.

Una audiencia pública con cientos de oradores que se extendió por una semana, y en la que cerca del ochenta por ciento de los discursos se volcó por el no, con argumentos basados en la conservación natural e identitaria de un colectivo que se mostró preocupado por el legado a las próximas generaciones, pareciera inclinar la respuesta hacia el sí.

Otro ejemplo de este avance en la participación que está queriendo exhibir poco a poco nuestra urbe, y el Valle de Punilla en su conjunto, tiene que ver con la lucha del colectivo Ni Una Menos. Actualmente, enfocada en la media sanción que le resta al proyecto de Aborto Legal, Seguro y Gratuito, logró demostrar que “Villa Carlos Paz tiene un gran polo de lucha que sale a las calles en defensa de las vidas y los derechos de las mujeres”, según expresó Florencia Santillán, vocera del grupo.

Artífices de la postura contraria también salieron a la calle. Y eso es lo valorable y plausible de destaque. Que, motivados por situaciones propias, ajenas o transversales, los carlospacenses se están adueñando de un carácter más proactivo, dejando atrás los capítulos de inacción y deslinde de responsabilidades democráticas, casi siempre, bajo el discurso de “para eso los votamos”.

La construcción del estilo de vida deseado requiere del constante compromiso de todos y no acaba en el acto eleccionario. “Cuando respondemos a las situaciones de vida que se nos presentan poniendo todo nuestro ser en función de la demanda nos empoderamos”; opuestamente, “si delego poder, seguramente habrá frustración, porque el otro va a actuar desde su propia entidad”, y por qué no, desde sus propios intereses. Frecuente en el deporte, como lo explicaba la mediadora Susana Altamira, “ocurre en la política y su macabro juego de colocar al ciudadano en el engranaje padre-hijo”. Rol que posiciona “a la gente común en dependientes crónicos”.

Romper esas cadenas es una tarea que aparentemente se está queriendo empezar a… Sigamos por el camino de quienes ya están en pie de lucha.

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