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Editorial: El ingenio de la supervivencia

Publicado: por en la edición 775, Opinión Sin comentarios

“Los argentinos están acostumbrados a vivir crisis periódicas, por lo que han agudizado su ingenio”, escribió la periodista Verónica Smink para BBC Mundo, poniendo sobre el tablero una cualidad que, aunque admirada por los extranjeros respecto de nuestra intrínseca capacidad de resiliencia, a los albicelestes nos significa el esfuerzo de “rebuscárnosla” constantemente.

Viveza criolla al servicio de la inteligencia: “Dale nomás, dale que va, que allá en el horno nos vamo a encontrar”. Enrique Santos Discépolo inmortalizaba en su Cambalache la conducta de un siglo veinte que no supo sacudirse del pasado, y nos alcanza a propósito de reinventar nuestra habilidad de encontrar salidas ingeniosas a los ciclos desfavorables.

No es una cifra aleatoria: si uno analiza la historia de Argentina, encuentra este patrón incluso desde el inicio, con la emancipación de 1810 seguida por la guerra civil de 1820. Y en épocas más recientes se cuentan la hiperinflación de 1989 y el gran default del 2001, la última caída abrupta que tuvo el país, y quizá la más grande.

De todas formas, y aunque no declarada como tal, la pérdida del poder adquisitivo que se vivencia en la actualidad está llevando a la necesidad de contar con más de una fuente laboral por persona; cuando no, retomar esas alternativas económicas de las que nos hemos sabido apropiar con altura.

El trueque probablemente sea la más extendida, no solo por su efectividad a la hora de cubrir las necesidades de una persona -lo hace hasta en un 80 por ciento-, sino también por su componente ideológico: solidaridad comunitaria y autogestión. El trueque tiene mucho de autoayuda, devolviéndole protagonismo al individuo respecto de su administración hogareña.

Misma valoración por la que Cáritas prefiere no regalar sino expender, así sea a un precio simbólico, la ropa donada por la comunidad; claro está, siempre y cuando el requirente presente condiciones de abonar: “Nadie se va con las manos vacías ni con las carencias insatisfechas; pero sí es cierto que, pagando, la gente les atribuye a los objetos el valor del esfuerzo y no se sienten mal, en el sentido de que le están regalando lo que por sí misma no puede adquirir”.

Tal vez, con la misma lógica, abundan los ofrecimientos de oficios y las ferias de microemprendedores. El CEDER, como ente provincial que capacita y coordina la entrega de créditos de incentivo, contó a este Semanario cómo se abulta la demanda día tras día, confirmando la paradoja que nos envuelve desde tiempos inmemoriales: frente a la escasez monetaria, somos ricos en creatividad.

De hecho, “en el exterior se valoran la irreverencia y la capacidad argentina de sobreponerse a la adversidad, un entrenamiento que viene de las crisis económicas recurrentes del país” sostuvo otro medio foráneo, El País, refiriéndose al éxito que los creativos de este lado del mundo tienen en todo el globo. Son justamente los publicistas, por su inventiva, quienes mejor logran insertarse cuando deciden irse. También en la industria editorial y la producción cinematográfica somos líderes regionales.

Ni hablar de los vericuetos inventados para subsistir al cepo cambiario y/o las restricciones a la importación. “Los argentinos siempre tienen alguna ocurrencia para sortear las trabas y pese a que muchas veces son ilegales, resultan impunes”, señaló The New York Times en el mismo rol: describirnos anonadados. Acaso sea hora de bien aplicar ese vuelo del fénix que tanto nos alaban o, si no, superarnos. Ironía mediante.

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