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Editorial: Desolación

Publicado: por en la edición 720, Opinión Sin comentarios

Escuelas vacías en un domingo electoral. Nunca en la historia reciente de Villa Carlos Paz se registró un porcentaje tan bajo de afluencia: únicamente el 36,12% de la ciudadanía acudió a la cita con la democracia; esto es, 19.731 electores sobre un total de 54.656 habilitados.

Un absurdo cívico si se tiene en cuenta que fue la misma ciudadanía a través de sus representantes -los convencionales constituyentes-, quien estableció el funcionamiento de una institución atípica por sus características. En el país, escasamente existen Defensorías del Pueblo municipales y es la única que se elige mediante sufragio popular.

Toda una demostración de “apatía” en los dichos del intendente Esteban Avilés, o desinterés para con el entramado gubernamental de la ciudad. Porque más allá de las lecturas particulares que el caso amerite, del abstencionismo somos responsables los vecinos. De ahora en más, lejos estamos de ser artífices de un resultado legitimador y que refleje el sentir mayoritario.

Y en última instancia, si la marcada ausencia del electorado significa el triunfo de todos aquellos -Daniel Mowszet inclusive-, que están a favor de modificar el formato de elección; el camino debiera haber sido el de apropiarse del organismo con un voto de apoyo a la propuesta. No dejarlo al albedrío de la política a través de un mecanismo de autocensura característico en tiempos de dictadura.

Por supuesto que el desempeño del doctor Alejandro Luchessi como Ombudsman jugó un rol predominante hasta en los más de 1.400 votos en blanco y nulos. La puesta en marcha de la sede en Avenida San Martín no iba a ser simple, más, con la oposición de todo un gobierno a su existencia y el desconocimiento popular. Pero en casi cuatro años, lo cierto es que no logró despertar estima pública para con un ente que le resulta oneroso a los carlospacenses.

Claro que el accionar de quien pasará a engrosar la biografía citadina por ser el primer Defensor del Pueblo tuvo su cuota parte en la desolación dominical pese a la renuencia del pediatra a hacer algún mea culpa.

Del otro lado de la vereda, acusan una “obscena” campaña municipal orientada no solo al triunfo de la fórmula Mowszet-Mattheus sino también a propósito de cooptar para sí los poderes republicanos. Bien vale destacar en este punto que el propio líder del partido ganador aplaudió el despliegue oficial, llegando a desestimar su influencia en los puntos obtenidos, al puntualizar: “Hay que reconocerlo, esto es una gran labor de Carlos Paz Unido”.

Ejecutivo, Legislativo, Tribunal de Cuentas y Defensoría del Pueblo en manos de un mismo color partidario “hasta que el modelo se agote”, según apreciara el exintendente de Villa Carlos Paz, Carlos Felpeto, desconociendo también su apremio por establecer hegemonías.

Esta elección dejó mucha tela para cortar, tanta como partidos que responden a la lógica de “divide y vencerás” e ideologías sancochadas. Cuántos íntimos enemigos se escudaron en la búsqueda de un amplio consenso, bien sea para abrazarse al festejo como acompañarse en las lágrimas.

“Vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseados… ¡Dale, nomás! ¡Dale, que va!”

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