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Ricardo Parada: “Este deporte te cura por dentro y por fuera”

“El Bamba” dialogó con Ricardo Parada, un exfutbolista profesional que ahora milita en la categoría Seniors +42.

Ricardo nació en Lanús, provincia de Buenos Aires, hace más de sesenta años. Desde temprano “el deporte más lindo del mundo” llamó su atención, y logró el profesionalismo con apenas veinte años. Hoy vive en nuestra ciudad, es comerciante y desgrana su historia en esta nota: “Hice las inferiores en Racing de Avellaneda, debute en el ’72 y estuve en La Academia hasta el ’74; cuando noté que se me hacía difícil entrar de titular porque era un Racing glorioso, lleno de estrellas, y yo era un pibe que quería jugar. Entonces, un técnico de las inferiores que se fue a Almirante Brown, me ofreció un lugar en ese club, porque según él, yo era el único ocho que hacía que el diez marque. Antes el diez era el exquisito de la cancha. En una oportunidad tuve que marcar a Bochini, por ejemplo, y era una cosa terrible. En esa época en cualquier cancha mirabas un diez y sabías que ibas a ver buen fútbol, y allá fui. Estuve trece años, hasta los ’80. Claro que no era Racing, era un equipo de mitad de tabla; pero yo estaba bien ahí. Es un club que siempre festejó que le ganamos a San Lorenzo cuando descendió a la B, como un hito. Muy buena gente en esa institución”.

-¿Se ganaba tanto como ahora con el fútbol?
Mirá, es muy sencillo, cuando hice el contrato me ayudó mucho Basile (campeón del mundo con Racing), y se ganaba más o menos cinco sueldos buenos; no era una locura, pero era buena plata.
Estaba todo más reglamentado, a lo mejor un campeón y súper estrella ganaba lo mismo que yo; entonces los jugadores peleaban el sueldo y era igual para todos. En la B se ganaba dos sueldos y medio, más o menos; y en otras categorías menos. Hoy un jugador gana mucho y el de al lado, si es muy bueno gana mil veces más.

-¿Cómo llegó a Carlos Paz?
En el 2000, Buenos Aires ya se había puesto muy peligroso; nos habían robado tres veces en un mes. Con mi señora nos vinimos a vacacionar acá, y me enamoré de Carlos Paz. Si bien ella es de Jesús María, elegimos la Villa para vivir.
Pero la pasión no muere, nunca pude dejar de jugar al fútbol. Sufrí un ACV sangrante hace dos años y medio, que me provocó la caída del brazo y la pierna derecha; por eso siempre recalco la importancia del deporte, porque a los veinte días estaba jugando otra vez. Los médicos me dijeron: nunca dejes de jugar, porque eso te salvó la vida. Entro a la cancha y tengo que agradecer a Dios que puedo hacer lo que me gusta; más allá del resultado, es una satisfacción enorme.

-¿Pensó que nunca más iba a jugar?
Claro; pero a los cinco días de salir de terapia intensiva, ya estaba agarrado al suero y haciendo ejercicio; recuerdo que la doctora me decía: por más ejercicio que hagas, de acá no te vas a ir tan rápido.
Muchos chicos, y los amigos con los que jugamos todas las semanas, me tuvieron una paciencia bárbara; le quería dar un pase a alguien que estaba relativamente cerca y la pelota iba a cincuenta metros.

-¿Y cuál es su realidad hoy?
Me hice comerciante, tengo una venta de productos de copetín al por mayor en todo el país. Alcancé a hacer una pequeña diferencia con el deporte, no me puedo quejar.
Hoy estoy en el equipo de los grises de Mecánica Lescano, con Juan Lescano que es un amigo; jugamos los torneos que organiza Ramón Amaya.

-¿Qué consejo le da a los jóvenes?
Primero que hagan deporte, cualquiera; pero que practiquen. El fútbol es muy integrador.
En Córdoba está el “Mono” Guibaudo, que vino a Talleres, y me decía que los chicos tienen la costumbre de llegar a los dieciséis o diecisiete años y se dedican al boliche; entonces se presentan a entrenar y no rinden como deberían. A lo mejor son muy buenos, hábiles; pero la falta de compromiso los perjudica y no avanzan.
Por eso siempre recomiendo el deporte, porque mientras lo practicás, no tenés tiempo de pensar en pavadas, y te cura.

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