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“Glamping” en la Quebrada del Condorito

Las sociedades evolucionan o involucionan (según el desarrollo histórico del aspecto que se analice en particular) de manera inevitable tal como lo impone la naturaleza de los sistemas vitales.

Dentro de estos aspectos, la evolución o involución de la práctica del ocio y la recreación de los miembros de una sociedad, está relacionada con el nivel de equidad con que ésta redistribuye la riqueza, los bienes materiales necesarios para la satisfacción de las necesidades humanas y el acceso a un trabajo remunerado para todos, acorde a estos requerimientos.

Hay una modalidad de la práctica del ocio y la recreación que resulta altamente iluminadora de la situación de esta ecuación dentro de una sociedad dada: el turismo.

Las prácticas turísticas actuales, en sociedades con altos grados de inequidad, ilustra el grado de desorden o entropía social que afecta a las mismas. Día a día se agiganta la brecha entre la oferta turística para los segmentos poblacionales de altos ingresos, obscenamente minoritarios, y aquellos de ingresos medios que comparten junto a los sectores más pobres, la mayor porción de la población argentina y global.

El mercado, como es lógico a su naturaleza, acompaña este proceso y es así que florecen paraísos artificiales para pocos en los mares y en la tierra, y no hay recurso natural o cultural de valía que no sea fagocitado por la voracidad de opulentos en busca de un escape a la abulia que la extrema saciedad les provoca.

Nuestro país no escapa a este fenómeno, y que el mercado privado de bienes lo aplauda no nos sorprende. Pero enterarnos que la Administración de Parques Nacionales (APN) promueve el “glamping”, neologismo que busca designar una nueva modalidad de campamentismo para ricos que les permita “hacer camping con glamour” dentro de nuestros Parques Nacionales, golpea el más elemental sentido ético político.

Nuestros Parques Nacionales son hoy uno de los últimos relictos de tierras de dominio público que sobreviven al sistemático desguace de bienes del Estado Nacional. En su mayoría fueron comprados a dueños privados con dinero del erario público, es decir, de todos nosotros. El sostenimiento de su intangibilidad y el control del uso recreativo de los mismos, atendiendo a su capacidad de carga, es una tarea difícil en el contexto de utilitarismo mercantilista de la naturaleza que prima en nuestra sociedad.

El promovido “glamping”, que hoy entre otros amenaza al Parque Nacional “Quebrada del Condorito”, nos recuerda la historia de María Antonieta, reina aburrida que hizo construir el Petit Trianón (un Palacio de Versalles en miniatura para recuperar su escala humana) y no conforme con esto le anexó una aldea de utilería donde vivían campesinos “ad hoc” para que la Reina retozara jugando a la pobre aldeana entre raptos y rescates heroicos y entre establos y cantinas… pero todo con el glamour y la seguridad que una experiencia ficcional otorga.

En tanto hoy la realidad nos golpea como en aquel período barroco con cada día más numerosos colectivos de pobres que no pueden acceder ni a una vacación digna; pero que deben sostener con sus tributos la compra de Parques Nacionales para la práctica del “glamping” de la familia real.

Liliana Bina

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