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Editorial: Un lamento

Publicado: por en la edición 786, Opinión, Portada Sin comentarios

Calculadora en mano, y ni así dan los números. Los aumentos salariales no alcanzan para cubrir la inflación, con el plus que significa la suba de tarifas, y el poder adquisitivo de los argentinos se esfuma como el humo de una chimenea.

Ya en agosto, las mediciones indicaban una merma del salario mínimo local medido en moneda dura del orden del 35 por ciento, en comparación a diciembre de 2015; esto es, había caído de 589 dólares a 384 dólares en dos años y medio.

Alarmante, y encima le faltan dígitos a esa resta. Por ejemplo, si la industria relativa a los artículos de consumo femenino tenía ilusiones de remontar con las ventas con motivo del Día de la Madre, sucedió a la inversa: a pesar de que hubo muchas ofertas y promociones, todos los rubros terminaron en baja.

Pocos ánimos, pocos regalos y pocas compras rebotes relevó la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Numéricamente hablando, hubo un 13,3 por ciento menos de regalos, siendo el ticket promedio de 800 pesos. Es la caída más alta de los últimos diez años, y se notó principalmente en los objetos para el hogar y de uso personal.

Otro estudio, de Focus Market, incluso bajó el gasto per cápita a 500 pesos, e indicó que los restaurantes trabajaron un 10 por ciento por abajo que en octubre de 2017. En conclusión, el Día de la Madre no brilló, como tampoco lo hizo el fin de semana largo pasado, y si bien se estima que la afluencia de turismo durante la temporada va a ser alta, no se espera lo mismo respecto del consumo. “Hay una excelente perspectiva para el verano; pero de ninguna manera se puede hablar de boom”, resumió, en este sentido, el presidente de Ashoga Rodrigo Serna, a propósito de la última reunión de la Región Centro convocada para este año en curso.

No hay dinero. La gente no quiso pasar por alto a las madres; pero los regalos fueron ítems económicos. Se vendió lo más barato”, igualmente manifestó una comerciante del centro. Es que los bolsillos parecen filtrar, pese a todo ajuste voluntario e involuntario, también. Los privados dicen que no pueden soportar más los precios sin trasladar el peso de los costos a los consumidores; sin embargo, saben que al hacerlo sus ventas reducirán.

La economía está inmiscuida en un círculo vicioso cual laberinto indescifrable. A nivel ciudad, todos los sistemas de transporte reclaman aumentos y surge el interrogante: ¿Acaso no tienen razón los prestadores en pedir un reajuste cuando el combustible lleva incontables en su haber? “La verdad duele; pero no ofende”…

Por estos momentos, el Concejo de Representantes analiza si viabilizar un doble aumento para taxis, remises y colectivos: uno que empiece a regir con la inmediata sanción normativa; y el otro, a partir de enero. De nuevo, es lógico que haya sectores que no den más con los valores vigentes; aunque es igual de cierto que el hilo se corta por lo más fino. Primero a 18 y después, a 22 pesos se irá el transporte urbano de pasajeros afectando esa billetera por demás enflaquecida a esta altura del año, y cuya esperanza es que el próximo semestre (esa medida de tiempo acuñada por el Presidente) se acerque, por lo menos unas centésimas, a esa ¿utópica? pobreza cero.

Cansados de la melancolía del tango; pero con un tono particularmente pesimista, más parecido al lamento, así estamos…

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