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Editorial: ¡Todos para uno y uno para todos!

El famoso juramento de unión y auxilio mutuo bien que podría aplicarse en el entendimiento del escenario político preelectoral. Aunque de las buenas intenciones de Los Tres Mosqueteros, la clásica obra del escritor francés Alejandro Dumas (1802-1870), queden más bien los cálculos aritméticos.

Así como de este diciembre, seguramente, perduren los recuerdos de una afloración de candidatos a la Intendencia para el período 2019-2023. La cuenta se fue por las nubes, exactamente igual que la inflación, y tampoco perece encontrar un tope: no hay dirigente que vea con malos ojos la oportunidad de no competir con Esteban Avilés.

O, en otras palabras, aprovechar que Carlos Paz Unido está disuelto, y hacerle frente a la imposibilidad constitucional de que el Jefe de Gobierno resulte electo por un tercer mandato consecutivo, suena atractivo. Es que, en este contexto, las probabilidades de éxito del “elegido” bajan con respecto a la figura carismática y plebiscitada del exconcejal y actual primer mandatario.

Ya le pasó a Carlos Felpeto cuando quiso delegar en Carlos Calvo la titularidad del Palacio 16 de Julio. Sucede que el caudal comicial no siempre es directamente transferible, menos en una sociedad que elige por afinidades emocionales o factores pragmáticos más que por componentes políticos.

“Hay un retroceso en el voto de identidad tradicional” afirma, en este sentido, el sociólogo Luis Alberto Quevedo cual explicación acertada de porqué, incluso, ganó Avilés en su segunda postulación con más del 60 por ciento de apoyo popular. Está claro que peronistas, radicales, socialistas y de izquierda, además de los ciudadanos independientes, apostaron por él aun cuando tuvieran candidatos propios.

No haciendo oídos sordos a la tendencia, abundan las mesas de negociación, y a medida que se acerque la fecha clave: el tercer domingo de junio, serán moneda corriente. Los lanzamientos preliminares de Omar Ruiz, Jorge Lassaga, Carlos Felpeto, Rodrigo Serna, Ezequiel Cassino, Adrián Lizarrituri y Oscar Sépola, por un lado; y Víctor Curvino, Leonardo Mangoldt, Darío Zeino y Daniel Gómez Gesteira, por el otro, justamente persiguen la intención de medirse en conocimiento e imagen positiva a los fines de negociar el mejor puesto dentro de una alianza futura.

Los casos de Emilio Iosa y Mariana Caserio son diferentes. Mientras que el galeno de Deuda Interna apuesta al voto temático con el saneamiento del lago San Roque a la cabeza, la legisladora por Punilla intenta reposicionar un PJ que poco ha sabido de logros desde Gustavo Dellamaggiore; aunque siempre en torno al rumor de que el gobierno provincial cerrará filas con Avilés, en busca de un apoyo tácito o explícito.

Por supuesto que, de cortarse sola, los números del 12 de mayo le servirán, ya sea para cuantificar la estima que conserva Unión Por Córdoba tras dos décadas de titularidad, con el afecto resurgido por la muerte del exgobernador José Manuel de la Sota, o para canalizar todo ese aprecio bajo argumento de trabajar en sintonía.

Lo único certero entre tanta incertidumbre social, económica y política es que abundan los aspirantes al primer piso de Liniers 50, con recetas harto conocidas pese a los lineamientos soft, online y juveniles -a propósito de cooptar los cinco mil electores del rango etario comprendido de los 16 a los 18 años- que demandan los tiempos que corren.

Preludio de un 2019 ciegamente electoral y en cuyo desarrollo estará más vigente que nunca la máxima de Charles Darwin: “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”.

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