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Editorial: Identidad y tradición

“Los hermanos sean unidos
Porque esa es la ley primera
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea
Porque si entre ellos se pelean
Los devoran los de afuera”.

Mañana sábado 10 de noviembre se celebrará en nuestro país el Día de la Tradición. Es en honor al nacimiento de José Hernández (1834-1886), poeta, escritor, político, periodista y soldado; activo militante del federalismo provinciano y creador de “El gaucho Martín Fierro”.

Una obra que, a más de un siglo de su creación, continúa dividiendo las aguas entre quienes, como Jorge Luis Borges, consideran totalmente imposible “pensar que nosotros, los argentinos, estamos representados por un gaucho matrero y desertor. Nuestra historia es mucho más compleja que las vicisitudes de un cuchillero de 1872, aunque hayan sido contadas de un modo admirable”. Y, por otro lado, aquellos, al fiel estilo de Leopoldo Marechal, que ven al Martín Fierro cual “materia de un arte que nos hace falta cultivar ahora como nunca: el ser argentinos y latinoamericanos.

“Como las epopeyas clásicas, es el canto de un pueblo, es decir, el relato de sus hechos notables cumplidos en la manifestación de su propio ser y en el logro de su destino histórico. ¿Y quién es el héroe en el Martín Fierro? En el sentido literario, es un gaucho de nuestra llanura, y en sentido simbólico, es el pueblo de la nación recién salido de su guerra de la Independencia y de sus luchas civiles, en las cuáles se ha fogueado. Por lo tanto, es el real protagonista del drama en que se juega su devenir”.

Entonces, frente a la dicotomía, surge el interrogante: ¿qué nos representa mejor como albicelestes? ¿“la calle más larga, el río más ancho, las minas más lindas del mundo”? como canta La Bersuit, ¿el dulce de leche?, ¿el mate?, ¿el folklore?, ¿Maradona? ¿Messi? ¿el Papa? ¿la resiliencia?

Definida por la Real Academia Española, la tradición es justamente, ese “conjunto de doctrinas, costumbres u otros hechos históricos, transmitidos y conservados de generación en generación” que construyen la identidad de una nación, en este caso, “de un lugar, santo y profano a la vez. Mistura de alta combustión”.

La voz identidad proviene del latín “identitas” y éste, de la entrada “idem” que significa “lo mismo”. Somos iguales en la diferencia, y la otredad nos permite percibirnos argentinos, ¡gracias a Dios! La fecha, precisamente, promueve el sentimiento de orgullo y reivindicación de todos los elementos, ritos, idiosincrasias, manifestaciones artísticas, etcétera, que nos convocan a homenajear la patria que nos vio nacer, o adoptó con los brazos abiertos.

Coincidentemente, el domingo pasado se conmemoró el Día de la Identidad Carlospacense, con las mismas inquietudes respecto de los elementos constitutivos del “ser autóctono”; pero también, con las mismas ganas de valorizar y profundizar en las raíces locales y en la tarea de los vecinos que forjaron nuestra ciudad desde su fundación a cargo de Carlos Nicandro Paz, en cuyo nacimiento se asienta el hito calendario: 4 de noviembre de 1866.

Ser Nacido y/o Criado, parafraseando el colectivo citadino, por lo tanto, requiere introspección y proyección a los fines de conservar esa unidad invisible; pero característica como la huella digital.

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