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Editorial: 100 días para re-pensarse

En el prime time de la televisión argentina está cursada la invitación. Es la novela más vista del año, y pese a que su trama gira en torno a una historia de amor no lineal, la propuesta abarca temáticas como paridad, feminismo, aborto, igualdad, sexualidad, poliamor, identidad y violencia de género, entre otros disparadores a la deconstrucción cognitiva del grueso societario.

Justamente por ello, la Legislatura porteña declaró de “Interés educativo y para la promoción y defensa de los derechos humanos” al ciclo “100 días para enamorarse” por “cuestionar y desnaturalizar ciertos estereotipos asignados a los géneros y las familias”.

Un reconocimiento fundamental a propósito de fomentar una sociedad más inclusiva, partiendo del medio de comunicación que todavía sigue siendo el más consumido. “Es muy importante aprovechar estos espacios y la posibilidad de llegar a mucha gente para abrir el debate sobre temáticas de género”, remarcó el productor de la comedia romántica, Sebastián Ortega.

Los personajes femeninos, principalmente, se corren de los roles comúnmente asignados en las telenovelas, y en la vida también, con el objetivo de mostrar cómo la realidad está mutando. “Hombres y mujeres poseemos muchos condicionantes de cómo debemos ser, sentir y vestir; pero ya es hora de cuestionar esas vocecitas” dice en esta edición la primera diseñadora citadina de ropa sin sexo, Mara Coleoni, insistiendo en la necesidad de sumarnos a una tendencia evolutiva del ser humano.

No es casualidad tampoco que el arte se ponga al servicio del auto-descubrimiento. Por ejemplo, este domingo, en el Teatro Coral habrá un Festival de Danza Experimental que persigue el objetivo de movilizar a los espectadores y, por qué no, incentivar la reconstrucción de la mirada que tenemos sobre nosotros mismos y sobre el otro.

100 días para enamorarse es eso, un granito de arena a la liberación de un montón de personas. Pensemos en el sufrimiento de no ser aceptado socialmente. Hagamos el ejercicio de pensar en cómo sería si todo fuera al revés. Comprender y empatizar” tanto como decir: Por favor, perdón y gracias.

“Vivimos un período complejo; pero de una riqueza incalculable”, afirma igualmente esta semana en El Bamba la directora artística de La Pendiente, Mariana Massera. Y uno de los signos de los tiempos que corren es el respeto por la identidad sexual. Así las cosas, con la idea de que “la asignación jurídica y registral de un sexo es arbitraria, invasiva, discriminatoria, inútil y confusa”, en la Cámara de Diputados fue presentado un proyecto de ley con la finalidad de eliminar la categoría “sexo” de los DNI y papeles oficiales en la Argentina.

Argumenta que indicar el “sexo” es inútil, que “el Estado debe respetar el género autopercibido de acuerdo a cómo cada persona lo siente”. Hace poco, el Registro Civil de Mendoza tomó una determinación en sintonía, avalando la solicitud de dos personas que no se reconocen como mujer ni como hombre y aceptó al mismo tiempo que el género no esté explicitado en sus respectivos documentos oficiales.

Acá, en Villa Carlos Paz, no se ha aplicado aún la Ley de Identidad de Género; de todas formas, es innegable que se está vivenciando un proceso de cambio, de transformación, de liberar a las personas de los otrora encasillamientos y eliminar los viejos estigmas. La ropa es ropa, las palabras son palabras, los pensamientos son pensamientos, y todos valen.

Quizá eliminar el “sexo” del DNI conlleve complicaciones administrativas respecto de la edad jubilatoria, la ley de cupo, etcétera. Pero quizá también sea hora de aggiornar todos y cada uno de los casilleros mentales, legales, sociales… Aprender a convivir con el otro como es el otro y no como queremos que sea. ¡Desempañar nuestros lentes de anticuadas subjetividades!

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