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Día a día

Crochet: Una herencia de las abuelas

Ayer miércoles se conmemoró a nivel mundial el “Día del Crochet”. La iniciativa surgió hace algunos años a través del escultor de agujas de madera, Jimbo Front Porch, con el objetivo de promover este arte.

En muchos casos, las abuelas son las encargadas de transmitir esta habilidad de generación en generación. Así lo aseguró Norma Aguirre, de 65 años, quien aprendió a utilizar la aguja a los 10: “Veía a mi abuela entusiasmada y muy concentrada enlazando la lana; me sorprendía su rapidez. En una sola tarde podía hacerte dos gorros y una bufanda”, recordó con nostalgia.
A partir de ese momento, “le pedí que me enseñara. Al principio cuesta la técnica; pero después lo hacés sin pensar. Cuando menos te das cuenta, avanzaste un montón en el tejido”.

Además, reconoció que “tejer me trae muchísimos recuerdos y me retrotrae a la época en que pasaba las tardes con mi abuela, las charlas interminables. Para mí, tiene un valor sentimental”, y agregó que “tengo una prenda por cada momento importante de mi vida, como el nacimiento de mis hijos o de mis nietos, de algún cumpleaños u otro hecho inolvidable”.
En ese sentido, también explicó que resulta terapéutico. “Me relaja mucho, y es un lindo pasatiempo que podés compartir con amigas o la familia, ya que vas aprendiendo técnicas nuevas”.
Por último, Norma comentó que “al igual que mi abuela me transmitió este conocimiento, lo hice con mis hijas, y creo que es algo que jamás ‘pasa de moda’. Además, algo hecho con tus propias manos tiene mucho más valor que cualquier otra cosa”.

Una actividad vigente
Haciendo un recorrido por algunas mercerías de nuestra ciudad, en la mayoría de los consultados coincidieron en que muchas mujeres, e incluso algunos hombres, apuestan al tejido artesanal: “La verdad es que me sorprendió porque este año tuvimos bastantes ventas; a pesar de que indudablemente los precios aumentaron hasta un 20 por ciento en relación al 2017”, comentó Carina.

Lo mismo opinó Estela, desde otra mercería: “Subieron los costos; pero siempre hay alternativas más económicas, y dependiendo de lo que se vaya a tejer. Por ejemplo, un cashmilon común cuesta 450 pesos el kilo y el sedificado, 530; en tanto, el shetland sale 600 pesos”.
Sin embargo, “hubo algunas ventas durante la época fría. Si bien merma durante el resto del año por el calor, hay varias alternativas en hilos con los cuales se pueden hacer prendas más livianas o artesanías”. Y por último refirió: “Las mujeres son las principales fanáticas del tejido, y conozco muchas señoras que se juntan con amigas con esa excusa; pero en realidad lo hacen para compartir un lindo momento”.

Elizabeth Scardigno

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