En las Olimpíadas se notó que vivimos sometidos al cortoplacismo. ¡No hay políticas para el pueblo ni para el deporte!
Los políticos destinan el 90 por ciento del tiempo a esconder nuestros impuestos y apropiárselos y sólo queda un diez por ciento para hacer alguna obra.
A todos, ¿qué nos pasa? ¿No nos queremos dar cuenta del saqueo permanente, silencioso y sistemático al que estamos siendo sometidos? Nuestra democracia es una sucesión sin solución de continuidad de hechos de corrupción. ¿No se ven los casos o no se quieren ver?
Una sensación de impotencia, de frustración y abatimiento casi nos noqueó. Si pretenden que tiremos la toalla, no lo van a lograr.
En muchas reuniones privadas, en el trabajo, en la calle, en los bares, se comenta. Pero siempre en privado. Aquí, en Carlos Paz, «El Bamba» hace unas semanas se preguntó: Cuentas públicas ¿publicables? Toda una definición, una foto del cortometraje de terror que estamos viviendo. ¿Creen que algún periodista o concejal se hizo cargo de la pregunta? ¡No! ¡Fue todo sistemáticamente silenciado! La nota trata sobre una ordenanza (la 4.699) que aprobaron hace ya seis años -a nuestro pedido-, quienes están hoy en el poder y se refiere a eso: publicar las cuentas on line. ¿Creen que la pusieron en práctica? ¡No! ¡Siguen manejando todo lo público en secreto!
Ya parece no quedar nada del orgullo de ser argentino. Y no es la economía nacional, ni los discursos de la Presidenta, que no hace más que generar una cortina de humo tras otra para que no se hable de la corrupción que la envuelve. Ni siquiera el caso Ciccone, que es otro de los tantos. No se trata de Moreno y su avasallamiento tercermundista. El problema no es el tren de Once ni los 52 hermanos que murieron. Tampoco el uso de las reservas. No se trata del paro de los maestros ni del INDEC. El problema es otro. Estamos perdiendo en silencio a nuestra Argentina. La metamorfosis es bruta. El país que tenemos hoy no es el que imaginamos, y el de mañana será mucho peor. No hay respeto. No hay educación. No hay diálogo. No hay participación. Está cercenada desde arriba ¡oh! Paradoja en la década de las comunicaciones. No podemos participar en el control de nuestra democracia, de los dineros públicos y de la cosa pública.
La búsqueda de la excelencia se abandonó por completo: ver resultados de Londres 2012. Nos acostumbramos al atropello del poder político, al patoterismo, al corto plazo sin una visión de país que nos ilusione, que nos enamore. ¿Qué queremos? ¿Volver a sentir orgullo de ser argentino?
Viajar seguro, aunque sea en los medios de transporte que son todos de políticos y amigos de políticos. ¿Ver un desarrollo cultural sostenido? ¿Transitar por las calles sin piquetes? ¿Escuchar a un presidente conectado con el mundo? ¿A gobernantes que no son sospechados, que muestran cada centavo que administran sin temor y son creíbles con administraciones transparentes y no fraudulentas? Decidir qué comprar, qué libros leer, comprar dólares. O no. Respetar al maestro. Los delincuentes presos. La justicia transparente y monitoreada por el pueblo, de modo que se sepa si fue comprada o no. Estadistas conduciendo al país, pero por las dudas controlados por el pueblo participando sentadito detrás de su PC. Calma y paz. No odio y crispación. Izquierdas o derechas fuertes, pero no extremas: con ideologías. No mercenarios pagados para generar cortinas de humo y seguir prendidos a la teta del Estado. Tres Poderes funcionando. Si quieres lo mismo, exige transparencia on line en el lugarcito que vivas de nuestra patria y a los corruptos los arrinconaremos entre todos. Las cuentas públicas deben ser públicas a través de Internet.
En paz Argentina te quiero. Estoy seguro que es el pensamiento de la mayoría de bien y cumplo con manifestarlo. ¡Vamos Argentina! ¡Adelante, pero en paz!
Hugo E. Macat