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VM Piscinas

Correo del lector

Edición 593

La teoría del derrame en el discurso municipal

«Considerando que es de vital importancia para el desarrollo y crecimiento turístico de nuestra Ciudad el mejoramiento de la oferta hotelera de alta calidad de servicios, resulta necesario implementar incentivos para la radicación de este tipo de iniciativas en el ejido del Municipio […] Ello supone además un relevante ingreso y movimiento de capitales por una parte, y por otra la correlativa generación de empleo (tanto en la construcción como en la prestación futura de servicios), con el consecuente impacto positivo que tales circunstancias producen en la economía local».

Proyecto de Ordenanza Nº 179/2012, enviado desde el Ejecutivo Municipal (exenciones impositivas para hoteles de 4 y 5 estrellas)

¿Qué es la teoría del derrame?

«Concepto asumido por las teorías del crecimiento optimista de las décadas del ´50 y ´60, según la cual los frutos del crecimiento penetran en las capas más carenciadas a través de las fuerzas del mercado, en virtud de una mayor demanda de mano de obra y aumentos en la productividad y los salarios.

«Aún cuando los mercados fueran insuficientes para generar estos efectos, el crecimiento resultaba ser la base económica necesaria para que los gobiernos pudieran reducir la pobreza con medidas destinadas a corregir la distribución del ingreso implementando un sistema impositivo progresivo y de prestaciones sociales para los más carenciados», (HEMMER, 1995).

El uso de esta teoría en nuestro país

«La estrategia económica de la década del ´90 estuvo enmarcada en la ‘teoría del derrame’, es decir, en la idea de que el crecimiento automáticamente fluiría desde la cima de la pirámide social hacia abajo, sin necesidad de una intervención estatal a favor de una mejor distribución del ingreso. Con una importante dosis de tragedia, la historia demostró que el crecimiento económico, aún obtenido, no se transforma automáticamente en desarrollo social», (DINATALE, 2004, p.26).

Con la teoría del derrame y el cuento liberal de «un Estado chico para un país grande», nos vendieron la necesidad de todas las privatizaciones y de las medidas de desprotección de la industria nacional y flexibilización laboral para atraer las inversiones.

Hoy existe un consenso bastante generalizado en que la década del 90 fue una segunda «década infame» en nuestra historia, que el fundamentalismo de mercado y la subordinación de nuestra economía a los organismos financieros internacionales nos hizo mucho daño. Sin embargo, el discurso de esa época aún no ha sido deconstruido. En Carlos Paz, lo vemos campear casi sin ser desafiado en el ambiente político, y con pocas o ningunas críticas desde el ambiente periodístico local.

La falacia del derrame en Carlos Paz

¿Acaso no es una realidad constatable a primera vista que los cuantiosos beneficios que unos pocos empresarios obtienen en temporada no logran «derramarse» a las familias trabajadoras de nuestra ciudad? Gran parte de nuestra población trabajadora está subocupada. La manutención de estas familias depende altamente de aprovechar su superexplotación en los pocos meses de temporada y sobrevivir con changas y trabajos precarios el resto del año. Si el efecto derrame fuera cierto eso se traduciría en la creación de empleo estable y digno en una proporción razonable a las ganancias de los empresarios. Pero sabemos que esto no sucede. Para que haya derrame el recipiente debe llenarse, y para llenarse debe tener fondo: los empresarios siempre quieren más ganancia, pagar menos en impuestos, en servicios, en salarios, en prestaciones laborales. ¿Y qué control efectivo hay sobre el destino de sus ganancias?

La teoría del derrame es una falacia de cabo a rabo. El argumento de que exenciones impositivas al sector hotelero va a resultar en beneficios a las familias trabajadoras es una ingenuidad, sino una mentira. ¿Por qué, entonces, se mantiene este discurso falaz en nuestra clase política? Hay dos factores: su vinculación a los sectores económicos y su falta de formación ideológica. Ambos factores hacen que el sentido común de esta clase política sea permeable a la ideología de los sectores económicos dominantes. ¿Y por qué nuestra clase política puede mantener este discurso con tanta comodidad? Porque los principales encargados de interpelarla (los medios de comunicación locales, los analistas políticos y sociales, las instituciones culturales, los sindicatos, entre otros) suscriben consciente o inconscientemente a ese discurso o no tienen interés en cuestionarlo.

Conclusión

Carlos Paz necesita una renovación en su clase política, tanto en ideas como en su origen social. Necesitamos representantes y funcionarios que sepan por experiencia, o al menos puedan ponerse en los zapatos, de las familias trabajadoras precarizadas.

Esto significa algo más que un mero cambio de gobierno, significa un profundo cambio cultural. Es la participación ciudadana consciente la que fuerza los procesos de transformación en la clase política, pues la vinculación de ésta a los sectores económicos dominantes y la propia inercia del micro-mundo partidario la vuelven reacia a los cambios profundos.

Desde Carlos Paz Despierta hacemos un llamado a todos aquellos ciudadanos que no compartan la concepción de desarrollo y del rol del Estado que ha venido primando en las últimas décadas, a que hagan escuchar su voz desde los diversos medios a su disponibilidad. Ha llegado la hora de reactivar la discusión amplia de qué ciudad queremos.

Carlos Paz Despierta

carlospazdespierta@gmail.com

carlospazdespierta.blogspot.com


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